El verdadero yo · Cap 18 / 25

El verdadero yo en los vínculos

Pareja, hijos, padres: cuando los miras desde ahí, los ves distinto.

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10 minutos · meditación contemplativa · Busca un sitio tranquilo, si puedes

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Bienvenido. Me alegra que estés aquí otra vez. Hoy queremos detenernos a mirar a las personas con las que compartes la vida. Pareja. Hijos. Padres. Hermanos. Amigos de siempre. Si te apetece, busca una postura cómoda. Sentado, recostado. Como te quede mejor. Deja que el cuerpo se afloje. Que los hombros caigan un poco. Toma aire por la nariz. Suéltalo por la boca, despacio. Otra vez. Y una más. Sin dirigir nada. Ahora trae a la mente a una persona cercana. Quien quieras. Tu pareja. Un hijo. Tu padre o tu madre. Un amigo. Visualiza su cara. Su forma de sentarse. Su voz cuando te habla. Y observa algo curioso. Casi sin darte cuenta, cuando piensas en esa persona, aparece también una historia sobre ella. Lo que tendría que ser. Lo que te falla. Lo que esperas. Lo que te decepciona. Lo que necesitas que te dé. Eso que aparece tan rápido es un personaje. Un guion. No es la persona real. Es la idea que llevas años haciéndote de ella. Y al mismo tiempo, tú también apareces ahí como personaje. El que aguanta. El que cuida. El que se queja. El que perdona. El que reclama. Dos personajes hablando entre sí. Eso es buena parte de muchos vínculos. El falso yo en los vínculos hace exactamente eso. Defiende su rol. Y proyecta personajes sobre el otro. Vive con un guion mental que apenas se mueve, aunque la persona real cambie. Hoy queremos probar otra cosa. Vuelve a esa persona que has elegido. Y prueba a soltar, solo por un momento, todo el guion que tienes sobre ella. Lo que ha hecho. Lo que no ha hecho. Lo que esperas. Lo que te debe. Suéltalo, no para siempre. Solo durante esta meditación. Y mira a la persona como si fuera la primera vez. ¿Quién es, realmente, además de su papel contigo? Tiene una historia que empezó antes de conocerte. Tiene miedos que probablemente no te ha contado. Tiene heridas que arrastra desde la infancia. Tiene anhelos que ni él mismo sabría nombrar. Es una persona entera. No una extensión de tu vida. Quédate un momento ahí. Mirándola así. Notarás que algo se ablanda dentro de ti. Porque cuando ves a alguien como persona entera, dejas de tener tantas cuentas pendientes. Lo que te dio o no te dio se vuelve menos importante. Lo que ves es a un ser humano haciéndolo como puede. Igual que tú. La intimidad de verdad solo es posible entre verdaderos yos. Entre dos personajes solo hay negociación. Entre dos personas hay encuentro. Quizá la próxima vez que estés frente a esa persona, antes de hablar, recuerda esto. Recuerda que detrás de su cara hay alguien entero. Y detrás de la tuya, también. Esa pequeña pausa cambia conversaciones enteras. Si te llevas una sola idea hoy, que sea esta. El otro no es el papel que cumple en tu vida. Es una persona entera. Cuando lo recuerdas, el vínculo se hace más verdadero. Gracias por estar aquí.

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  1. 01

    Recordar: hay dos yo dentro de ti

    Re-introducción consciente. Diferencia entre máscara y self.

  2. 02

    El falso yo no es enemigo, es necesario

    Liberarse del odio al ego. El falso yo te protegió cuando hizo falta.

  3. 03

    Cómo se construyó tu falso yo

    Infancia: lo que se premió, lo que se castigó, lo que tuviste que esconder.

  4. 04

    El precio del falso yo

    Cansancio, necesidad de validación, pérdida de espontaneidad.

  5. 05

    El primer indicio del verdadero yo

    Momentos de paz inesperada: infancia, naturaleza, silencio, dolor.