El verdadero yo · Cap 5 / 25

El primer indicio del verdadero yo

Momentos de paz inesperada: infancia, naturaleza, silencio, dolor.

0:00
10:00

10 minutos · meditación contemplativa · Busca un sitio tranquilo, si puedes

Leer este capítulo

El texto completo, por si prefieres leer o quieres volver a una frase

Bienvenido. Casi todos hemos vivido un momento así, aunque a veces ni nos acordamos. Un instante raro en el que, sin querer, estuvimos del todo presentes. Y algo dentro se ordenó. Hoy vamos a recordar uno de esos momentos. Si te apetece, busca una postura cómoda. Que el cuerpo descanse. Suelta los hombros. Suelta la frente. Toma aire por la nariz. Suéltalo por la boca, despacio. Otra vez. Sin prisa. Sin meta. Solo aquí. A la versión profunda de ti no se llega por esfuerzo. No es algo que se busque como se busca un objeto perdido. Es algo que se reconoce cuando aparece. Y aparece, casi siempre, sin avisar. Aparece en momentos que la vida nos regala de tanto en tanto, y que muchas veces dejamos pasar sin mirarlos. Voy a nombrarte algunos. Mira si reconoces alguno como tuyo. Hay momentos de la infancia. Estar tumbado en la hierba mirando una nube. Quedarte hipnotizado por un insecto. Sentir, sin saber explicarlo, que el tiempo se había parado un instante. En esos momentos no eras tu personaje todavía. Eras alguien más simple. Y más entero. Hay momentos en la naturaleza. El mar al amanecer. Un bosque después de la lluvia. Una montaña vista desde lejos. La sensación, aunque sea fugaz, de que algo te recoloca por dentro sin que tú hagas nada. Hay momentos de silencio inesperado. Una sala vacía. Una habitación al despertar antes de que empiece el día. Un trayecto en coche en el que, por una vez, no pusiste música. Y, dentro de ese silencio, una claridad pequeña que no sabías que necesitabas. Hay momentos en una conversación honda. Cuando alguien te dijo algo y sentiste, por dentro, una resonancia rara. Como si esa frase hablara con la parte de ti que casi nadie escucha. Y hay, también, momentos de dolor. Una pérdida. Un susto. Una noche difícil. Momentos que te dejaron sin guion. Sin saber qué decir. Sin máscara que poner. Y, justo ahí, en ese desnudo incómodo, apareció algo extrañamente claro. Una verdad simple sobre ti. Una certeza pequeña de que estabas vivo, de que algo importaba, de que ciertas cosas eran banales. Esos momentos son pistas. No son la meta. Son pistas. Te dicen que existe una manera de estar en ti que no necesita actuar nada. Que estaba ahí desde antes que el personaje. Y que sigue ahí, esperando que la frecuentes. Si te apetece, ahora, en silencio, recuerda uno solo de esos momentos. El primero que te haya venido al escucharme. No el más impresionante. El más vivo. Quédate ahí un instante. Sin querer reproducirlo. Sin querer entenderlo. Solo deja que vuelva, como vuelve un olor de la infancia. Y nota algo. En ese momento, no estabas siendo nadie en particular. No estabas actuando. No estabas tratando de ser bueno, ni de ser interesante, ni de ser nada. Y, sin embargo, eras más tú que casi nunca. Esa es la pista. A esa manera de estar es a la que vamos a aprender, despacio, a volver. No con fórmulas. Con reconocimiento. Cada vez que la vida te regale uno de estos momentos, en lugar de pasar de largo, párate. Mira hacia dentro. Reconócelo. Di, sin palabras: aquí estás otra vez. Te recuerdo. Y deja que se quede contigo un rato más. Si te llevas una sola idea hoy, que sea esta: A la versión profunda de ti no se llega buscándola. Se reconoce cuando aparece. Y aparece más veces de las que crees, en silencios, en naturaleza, en dolor, en infancia recordada. Lo único que pide es que, cuando aparezca, la mires. Gracias por estar aquí.

Esto es un capítulo de un recorrido más largo

En Brillemos.org tienes 10 recorridos de 25 capítulos como este — una práctica contemplativa diaria para volver al silencio.

Empieza El verdadero yo completo

Gratis · Sin tarjeta · En 30 segundos

Otros capítulos del recorrido

Ver todos →
  1. 01

    Recordar: hay dos yo dentro de ti

    Re-introducción consciente. Diferencia entre máscara y self.

  2. 02

    El falso yo no es enemigo, es necesario

    Liberarse del odio al ego. El falso yo te protegió cuando hizo falta.

  3. 03

    Cómo se construyó tu falso yo

    Infancia: lo que se premió, lo que se castigó, lo que tuviste que esconder.

  4. 04

    El precio del falso yo

    Cansancio, necesidad de validación, pérdida de espontaneidad.

  5. 06

    Soltar la capa "lo que produzco"

    Tu valor no es tu output, aunque te hayan educado para creerlo.