El verdadero yo · Cap 4 / 25

El precio del falso yo

Cansancio, necesidad de validación, pérdida de espontaneidad.

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10 minutos · meditación contemplativa · Busca un sitio tranquilo, si puedes

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Bienvenido. Piensa por un momento en lo cansado que estás. No el cansancio del día. El otro. El de fondo. El que no se va con dormir. Hoy vamos a mirar de dónde sale parte de ese cansancio. Si te apetece, busca una postura que no te exija mantenerla. Suelta el peso. Suelta los hombros. Suelta el ceño. Toma aire despacio. Suéltalo más despacio aún. Otra vez. Y otra más. Vivir desde un personaje tiene un precio. Y lo paga el cuerpo, casi siempre antes que la mente. Mira si reconoces alguno de estos tres síntomas. El primero es un cansancio raro. No el de haber trabajado mucho. Otro distinto. El cansancio de haber estado actuando todo el día sin descanso. De medir lo que dices. De sonreír cuando no nace. De adaptarte a cada persona con la que hablas. Un actor de teatro descansa al bajar el telón. El falso yo no baja el telón nunca. Por eso hay personas que llegan a casa, cierran la puerta, y solo entonces notan cómo les pesa todo. ¿Te suena algo así? Quédate un momento con la pregunta. Sin responder con palabras. Solo notando si el cuerpo asiente. El segundo síntoma es una sed extraña. Una sed de que te confirmen. Que te digan que lo estás haciendo bien. Que te miren con aprobación. Que reaccionen a tus mensajes. Que reconozcan tu esfuerzo. Y, sobre todo, una sensación de vacío cuando esa confirmación no llega. Como si, sin la mirada del otro, no supieras del todo si existes. Eso no es debilidad de carácter. Es lo que pasa cuando uno se ha construido para los demás. Si tu identidad la sostiene la mirada externa, cuando esa mirada falta, te tambaleas. No es vergonzoso reconocerlo. Le pasa a muchos. A la mayoría. El tercer síntoma es más sutil. Es la pérdida de la espontaneidad. Esa cosa que de niño hacías sin pensar y que ahora, al hacerla, te raspa por dentro. Bailar sin razón. Decir lo que piensas sin medirlo. Llorar cuando algo te toca. Reírte muy fuerte. Quedarte callado sin disculparte. Cosas naturales que el guion no permite. Porque lo espontáneo es siempre una amenaza al personaje. Lo espontáneo se sale del papel. Y entonces uno aprende, sin darse cuenta, a vivir un poco apagado. Para no romper la actuación. Quédate un momento en silencio. Si te apetece, lleva la atención al cuerpo. A los hombros. ¿Están tensos sin motivo? A la mandíbula. ¿Está apretada? Al pecho. ¿Hay un nudo pequeño que llevas ahí sin recordar cuándo apareció? A la garganta. ¿Está libre, o como cerrada por algo no dicho? Esto no son enfermedades. Son pistas. Son el cuerpo diciéndote, con su idioma callado, lo que llevas tiempo cargando. No le pidas nada hoy. Solo escúchalo. Solo deja que sepa que lo has oído. Eso, a veces, ya alivia algo. Porque parte del peso del falso yo se sostiene precisamente porque nadie, ni tú mismo, escucha al cuerpo que lo lleva puesto. Hoy lo escuchas tú. Y eso ya es un comienzo. Si te llevas una sola idea hoy, que sea esta: Si vives cansado sin saber por qué, necesitado de aprobación, y un poco apagado por dentro, no estás roto. Estás llevando una armadura que pesa demasiado. El cuerpo lleva tiempo avisándote. Hoy, por un momento, lo has escuchado. Gracias por estar aquí.

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Otros capítulos del recorrido

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  1. 01

    Recordar: hay dos yo dentro de ti

    Re-introducción consciente. Diferencia entre máscara y self.

  2. 02

    El falso yo no es enemigo, es necesario

    Liberarse del odio al ego. El falso yo te protegió cuando hizo falta.

  3. 03

    Cómo se construyó tu falso yo

    Infancia: lo que se premió, lo que se castigó, lo que tuviste que esconder.

  4. 05

    El primer indicio del verdadero yo

    Momentos de paz inesperada: infancia, naturaleza, silencio, dolor.

  5. 06

    Soltar la capa "lo que produzco"

    Tu valor no es tu output, aunque te hayan educado para creerlo.