El verdadero yo · Cap 2 / 25

El falso yo no es enemigo, es necesario

Liberarse del odio al ego. El falso yo te protegió cuando hizo falta.

0:00
10:00

10 minutos · meditación contemplativa · Busca un sitio tranquilo, si puedes

Leer este capítulo

El texto completo, por si prefieres leer o quieres volver a una frase

Bienvenido. Hay una idea que conviene desmontar antes de seguir. La idea de que la versión de fuera, la que tantos llaman ego, es algo malo que hay que destruir. No lo es. Si te apetece, busca una postura cómoda. Suelta los hombros. Relaja la mandíbula. Deja que la respiración encuentre su propio ritmo. No la guíes. Solo acompáñala. Una inhalación. Una exhalación. Otra. Y otra. Cuando uno empieza a mirarse, aparece una tentación muy común. La tentación de enfadarse con la versión de uno que actúa para los demás. Mirarla como una farsante. Como un enemigo a desmantelar. Y eso, aunque parece despierto, hace daño. Porque esa versión no nació por capricho. Nació porque, en algún momento, hizo falta. Cierra un instante los ojos, si quieres. Y piensa en el niño o la niña que fuiste a los cinco, seis, siete años. No el idealizado. El real. Aquel pequeño aprendió, muy pronto, cosas como esta. Si lloro demasiado, se incomodan. Si pido demasiado, se cansan. Si soy demasiado intenso, se alejan. Si soy demasiado callado, no me ven. Y entonces hizo lo único que un niño puede hacer. Construyó una manera de estar en el mundo para ser aceptado. Sonreír un poco más. Pedir un poco menos. Volverse útil. Volverse gracioso. Volverse invisible. Volverse fuerte. Lo que tocara. Esa manera de estar, repetida miles de veces, se volvió una segunda piel. Esa piel es la que hoy llamamos la versión de fuera. No es un disfraz cínico. Es una armadura que un niño se puso cuando aún no tenía con qué más protegerse. Y la llevó durante años sin quitársela. Mírala un momento, esa armadura. No con desprecio. Con algo parecido a la ternura que sentirías por un niño pequeño que se vistió solo para no molestar. Esa armadura te trajo hasta aquí. Te permitió ir al colegio. Hacer amigos. Encajar en familias complicadas. Sobrevivir a momentos en los que mostrar lo de dentro no era seguro. No hay nada que reprocharle. Lo que viene después, cuando uno se hace adulto, es algo distinto. Llega un día en el que la armadura ya no protege. Pesa. Llega un día en el que lo que te salvó empieza a aislarte. Llega el día en el que hay que soltar esa armadura. Y no se suelta odiándola. Te liberas de ella agradeciéndola primero. Quédate un momento aquí. Si te apetece, di por dentro, sin solemnidad: gracias. Gracias a esa parte de ti que aprendió a sobrevivir cuando no había más herramientas. Gracias por haberme traído hasta este momento, en el que ya puedo mirarte sin miedo. No hace falta soltar nada hoy. Honrar es suficiente. Si te llevas una sola idea hoy, que sea esta: La versión que crees que es tu enemigo es, en realidad, el niño que aprendió a protegerse. No se suelta una armadura odiándola. Se suelta agradeciéndole los años que cumplió su función. Gracias por estar aquí.

Esto es un capítulo de un recorrido más largo

En Brillemos.org tienes 10 recorridos de 25 capítulos como este — una práctica contemplativa diaria para volver al silencio.

Empieza El verdadero yo completo

Gratis · Sin tarjeta · En 30 segundos

Otros capítulos del recorrido

Ver todos →
  1. 01

    Recordar: hay dos yo dentro de ti

    Re-introducción consciente. Diferencia entre máscara y self.

  2. 03

    Cómo se construyó tu falso yo

    Infancia: lo que se premió, lo que se castigó, lo que tuviste que esconder.

  3. 04

    El precio del falso yo

    Cansancio, necesidad de validación, pérdida de espontaneidad.

  4. 05

    El primer indicio del verdadero yo

    Momentos de paz inesperada: infancia, naturaleza, silencio, dolor.

  5. 06

    Soltar la capa "lo que produzco"

    Tu valor no es tu output, aunque te hayan educado para creerlo.