El verdadero yo · Cap 19 / 25

El verdadero yo con los padres mayores

Aceptar quiénes son, no quiénes quisiste que fueran.

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10 minutos · meditación contemplativa · Busca un sitio tranquilo, si puedes

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Bienvenido. Gracias por aparecer hoy también. Vamos a detenernos en un vínculo que casi todos llevamos dentro como una asignatura abierta. El vínculo con nuestros padres. Si te apetece, busca una postura cómoda. Sentado, recostado. Como te quede mejor. Deja que el cuerpo se afloje. Hombros que bajan. Cara que se suelta. Toma aire por la nariz. Suéltalo despacio por la boca. Otra vez. Y una más. Vamos a entrar despacio. Muchos llevamos años, a veces décadas, esperando algo de nuestros padres. Que cambien. Que reconozcan lo que no reconocieron. Que pidan perdón por lo que hicieron o por lo que no hicieron. Que nos den ahora lo que no nos dieron cuando éramos pequeños. Esa espera, a menudo, no es consciente. Vive en un rincón. Aparece en una llamada, en una visita, en una sobremesa. Y deja un sabor amargo que no sabemos del todo de dónde viene. Si quieres, durante esta meditación, trae a tu padre o a tu madre a la mente. A los dos no. Solo a uno hoy. El que sientas más cargado. Visualiza su cara como es ahora, no como era cuando eras niño. Más mayor. Más cansado quizá. Con menos energía. Con sus achaques. Y mírale despacio. Probablemente notes dos cosas a la vez. Cariño. Y algo pendiente. Las dos cosas pueden estar. El falso yo se aferra a lo pendiente. Quiere reparación. Quiere reconocimiento. Quiere justicia. Y mientras espera eso, no puede querer del todo a la persona que tiene delante. Porque está queriendo a la persona que esperaba que fuera. Vamos a hacer algo delicado ahora. Mírale otra vez. A tu padre. A tu madre. Tal y como es. Y prueba a decir por dentro, despacio, una frase. "Te acepto como eres. No como me hubiera hecho falta que fueras." No la digas si te suena falsa. No fuerces. Si solo te sale a medias, está bien también. Date cuenta de lo que se mueve dentro al decirla. Quizá tristeza. Quizá alivio. Quizá enfado todavía. Lo que aparezca está bien. Aceptar no es justificar. No es decir que lo que hicieron o no hicieron está bien. Es decir que, a estas alturas de la vida, esa persona ya es como es. Que probablemente no va a cambiar. Que sus heridas también vienen de muy atrás. Que hicieron lo que pudieron con lo que llevaban dentro. El verdadero yo, en algún momento, suelta la espera. No de golpe. Con paciencia. Y al soltarla, ocurre algo inesperado. Puede empezar a querer a la persona real. No a la fantasía. No al padre o la madre que tendría que haber sido. Al que ahora respira al otro lado del teléfono. Al que se sienta enfrente. Ese amor, aunque sea más pequeño, es de verdad. Y te devuelve a ti algo que la espera tenía atrapado. Tu propia vida. Si te llevas una sola idea hoy, que sea esta. Tus padres ya son como son. Soltar la espera de que cambien es soltar también lo que esa espera te quitaba a ti. Gracias por estar aquí.

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  1. 01

    Recordar: hay dos yo dentro de ti

    Re-introducción consciente. Diferencia entre máscara y self.

  2. 02

    El falso yo no es enemigo, es necesario

    Liberarse del odio al ego. El falso yo te protegió cuando hizo falta.

  3. 03

    Cómo se construyó tu falso yo

    Infancia: lo que se premió, lo que se castigó, lo que tuviste que esconder.

  4. 04

    El precio del falso yo

    Cansancio, necesidad de validación, pérdida de espontaneidad.

  5. 05

    El primer indicio del verdadero yo

    Momentos de paz inesperada: infancia, naturaleza, silencio, dolor.