El verdadero yo · Cap 16 / 25

Vivir desde el verdadero yo en el conflicto

Cómo respondes cuando alguien te ataca o cuestiona.

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10 minutos · meditación contemplativa · Busca un sitio tranquilo, si puedes

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Bienvenido. Esta es la hora de detenerse. Antes que nada, antes de cualquier idea, antes de cualquier asunto, detenerse. Si te apetece, busca una postura cómoda. Sentado, recostado. Como te quede mejor. Deja que el cuerpo se afloje. Que los hombros bajen un poco. Que la mandíbula se suelte. Toma aire por la nariz, despacio. Suéltalo por la boca. Otra vez. Y una más. Sin dirigir nada. Solo notando que estás aquí. Hoy queremos detenernos en algo difícil. Lo que te pasa por dentro cuando alguien te ataca. Cuando alguien te cuestiona. Te critica. Te dice algo que duele. Quizá puedas traer ahora a la memoria una de esas escenas recientes. Sin meterte dentro. Solo mirándola desde fuera, como quien mira una foto. ¿Qué notaste en el cuerpo en ese momento? Probablemente algo se tensó. El pecho. La garganta. El estómago. Y casi a la vez, algo dentro de ti se preparó para responder. Para defenderse. Para devolver el golpe. O para hundirse en silencio. Esa parte que reacciona tan rápido tiene un nombre interno en este recorrido. Es el falso yo. El personaje que llevas años construyendo y que tiene mucho que perder cada vez que alguien lo cuestiona. Defiende su imagen. Quiere ganar puntos. Necesita tener razón. Y cuando no puede ganar, se derrumba. Se hace pequeño. Se ofende. Mírale, sin juzgarle. Lleva años protegiéndote como ha podido. Pero hay otro lugar desde el que se puede responder. Un lugar más hondo. Más tranquilo. Que no necesita ganar nada. Vamos a ensayarlo despacio. Vuelve a esa escena reciente. La crítica, el reproche, las palabras que dolieron. Y antes de responder mentalmente, respira una vez. Una respiración entera. Larga. Ahora pregúntate algo distinto. No "¿cómo le contesto?". Sino "¿qué le está pasando a esta persona para decirme esto?". Debajo del ataque casi siempre hay una necesidad. Cansancio. Miedo. Soledad. Una herida. No tienes que adivinarla con precisión. Basta con recordar que está ahí. Que el ataque es la punta visible de algo más grande. Y luego pregúntate por ti mismo. "¿Qué necesito yo de verdad ahora mismo?". Quizá no necesitas ganar la discusión. Quizá lo que necesitas es ser escuchado. O calmarte. O salir de la habitación un momento. Cuando lo ves así, ya no estás defendiendo un personaje. Estás cuidando a una persona. A ti. Y al otro. El verdadero yo en el conflicto no se enfrenta menos. A veces se enfrenta más. Pero lo hace desde otro sitio. No busca aplastar al otro. Busca decir lo que de verdad importa. Sin grandes palabras. Sin volumen. Sin tener que tener razón. Puedes equivocarte y aun así estar entero. Puedes ceder en algo y no perderte. Puedes incluso recibir una crítica injusta y no necesitar contestarla en el acto. Eso solo es posible cuando ya no te identificas con tu imagen. Cuando sabes que no eres el personaje que el otro está atacando. Eres algo más hondo. Algo que el insulto no toca. Quédate un momento ahí. En ese lugar quieto que el conflicto no puede romper. Si te llevas una sola idea hoy, que sea esta. En el conflicto, antes de defender, respira una vez. Y pregúntate qué necesitas tú de verdad, y qué necesita el otro. Desde ahí, la respuesta sale distinta. Gracias por estar aquí.

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Otros capítulos del recorrido

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  1. 01

    Recordar: hay dos yo dentro de ti

    Re-introducción consciente. Diferencia entre máscara y self.

  2. 02

    El falso yo no es enemigo, es necesario

    Liberarse del odio al ego. El falso yo te protegió cuando hizo falta.

  3. 03

    Cómo se construyó tu falso yo

    Infancia: lo que se premió, lo que se castigó, lo que tuviste que esconder.

  4. 04

    El precio del falso yo

    Cansancio, necesidad de validación, pérdida de espontaneidad.

  5. 05

    El primer indicio del verdadero yo

    Momentos de paz inesperada: infancia, naturaleza, silencio, dolor.