El verdadero yo · Cap 15 / 25

El miedo a soltar el falso yo

Quién seré si no soy lo que vendí. La pregunta del vacío.

0:00
10:00

10 minutos · meditación contemplativa · Busca un sitio tranquilo, si puedes

Leer este capítulo

El texto completo, por si prefieres leer o quieres volver a una frase

Bienvenido. Después de lo que tocamos en el capítulo anterior, hoy bajamos a algo más humano. El miedo. El miedo a perder eso mismo que acabamos de tocar. Cuando uno se acerca al fondo silencioso, aparece también un eco más oscuro. Una pregunta que asusta un poco. ¿Quién voy a ser ahora? Acomódate sin esfuerzo. Donde el cuerpo encuentre apoyo. Suelta lo que se pueda soltar sin proponértelo mucho. Una inhalación. Una exhalación más larga. Otra. Aquí. Cuando uno empieza a quitarse máscaras, pasa algo curioso. Hay alivio, sí. Pero también hay vértigo. Las máscaras pesaban, pero también ordenaban. Te decían qué decir en cada sitio. Cómo reaccionar. A quién agradar. Y de pronto, sin ellas, aparece un espacio raro. Un silencio que no sabes cómo llenar. Una pregunta que vuelve y vuelve. "Si no soy lo que vendía, ¿quién soy?" Eso asusta. Es normal que asuste. No eres tú quien falla. Es el paso. Cualquiera que se acerca a su verdad pasa por aquí. Hoy no vamos a empujar ese miedo a ningún sitio. Vamos a sentarnos a su lado, con cariño. Si te apetece, trae a la mente el miedo. No el más grande. Un eco pequeño. El que aparezca solo. Quizá es miedo a decepcionar a alguien. Quizá miedo a no saber quién eres si dejas el papel que llevas tiempo haciendo. Quizá miedo al silencio que viene después de soltar. Déjalo estar ahí, como un animalito asustado al lado tuyo. Sin echarlo. Sin acariciarlo demasiado pronto. Solo respirando cerca. Lo que parece vacío no es la nada. Eso es importante. Una casa vacía, justo cuando te mudas, parece fría. Falta la mesa donde sentarse. Faltan los libros. Faltan las plantas. Pero ese vacío no es ausencia de vida. Es espacio. Espacio para los muebles que esta vez sí vas a elegir tú. Cuando empiezas a soltar el falso yo, pasa lo mismo. Lo que aparece primero es silencio. Un cuarto que parece grande de más, porque te habías acostumbrado a tenerlo lleno de cosas que no elegiste. Pero ese silencio es la condición para que lo verdadero empiece a aparecer. Lentamente. A su ritmo. Sin forzar. Una preferencia que no sabías que tenías. Una opinión que llega más limpia que antes. Una manera de estar con alguien que ya no es complacencia. No vienen de golpe. Vienen poco a poco. Y necesitan el vacío para venir. Si te apetece, vuelve al miedo que trajiste. Y dile, sin palabras: te entiendo. No te voy a echar. No te voy a pelear. Solo voy a respirar contigo un rato. A veces, eso es todo lo que pide. El miedo deja de gritar cuando se siente acompañado. No desaparece de golpe. Pero baja la voz. Y en el silencio que queda, empiezas a oír algo nuevo. Una calma pequeña. Una certeza que no necesita argumento. La sensación de que, aunque no sepas todavía quién vas a ser, ya estás siendo. Aquí. Ahora. Respirando. Eso ya es bastante para empezar. Si te llevas una sola idea hoy, que sea esta: El vacío que asusta no es la nada. Es espacio. Espacio para que aparezca, despacio, lo que sí eres tú. Gracias por estar aquí.

Esto es un capítulo de un recorrido más largo

En Brillemos.org tienes 10 recorridos de 25 capítulos como este — una práctica contemplativa diaria para volver al silencio.

Empieza El verdadero yo completo

Gratis · Sin tarjeta · En 30 segundos

Otros capítulos del recorrido

Ver todos →
  1. 01

    Recordar: hay dos yo dentro de ti

    Re-introducción consciente. Diferencia entre máscara y self.

  2. 02

    El falso yo no es enemigo, es necesario

    Liberarse del odio al ego. El falso yo te protegió cuando hizo falta.

  3. 03

    Cómo se construyó tu falso yo

    Infancia: lo que se premió, lo que se castigó, lo que tuviste que esconder.

  4. 04

    El precio del falso yo

    Cansancio, necesidad de validación, pérdida de espontaneidad.

  5. 05

    El primer indicio del verdadero yo

    Momentos de paz inesperada: infancia, naturaleza, silencio, dolor.