El verdadero yo · Cap 24 / 25

El verdadero yo y la muerte

Contemplativo. Lo que se va y lo que no. Sin morbo ni religión.

0:00
10:00

10 minutos · meditación contemplativa · Busca un sitio tranquilo, si puedes

Leer este capítulo

El texto completo, por si prefieres leer o quieres volver a una frase

Bienvenido. Antes de seguir, una palabra de cuidado. Si tienes algo de muerte muy cerca, una pérdida reciente o un diagnóstico fresco, este capítulo quizá no sea el momento. Vuelve cuando puedas mirarlo sin que te arrastre. No hay prisa. Si decides quedarte, vamos a entrar muy despacio. Hoy el ritmo es más lento. Casi en silencio. Si te apetece, busca una postura muy cómoda. Tumbado, si quieres. Que no haga falta sostener nada. Deja que el cuerpo se afloje del todo. Hombros que bajan. Mandíbula que se suelta. Manos abiertas. Toma aire por la nariz. Y suéltalo, muy despacio, por la boca. Otra vez. Y otra más. No hay nada que tengas que sostener hoy. Solo estar aquí, despacio, escuchando. Si te quedas dormido en algún momento, también está bien. Estás descansando hacia dentro. Hoy vamos a contemplar algo que casi nunca contemplamos. La muerte. La propia. No con miedo. No con morbo. No como tragedia. Como horizonte. Quédate aquí un momento, sin tensarte. Esto no es para asustar. Es para mirar algo que está ahí desde que naciste y que ordena todo lo demás. Hay culturas, otras épocas, que vivían con esto cerca. Hablaban de ello sin tabú. Lo tenían a la vista. Nosotros lo hemos empujado fuera de la conversación. Lo hemos sacado de las casas. De las palabras. De las sobremesas. Lo hemos dejado en manos de hospitales y de prisas. Y, al empujarlo fuera, hemos perdido algo importante. Hemos perdido la medida. La que nos decía qué pesaba de verdad y qué no. Porque pensar en la propia muerte, despacio, sin drama, hace algo extraño. Aclara. Aclara qué importa. Aclara con quién quieres pasar tiempo. Aclara qué cosas estás haciendo por inercia. Hoy, una contemplación muy suave. Imagina, solo imagina, que estás al final de una vida larga. Una habitación tranquila. Luz suave. El aire que entra por la ventana. La piel que se ha quedado más fina. Las manos que han hecho mucho y ahora descansan en el regazo. Alguien querido, quizá, sentado cerca, sin necesidad de hablar. Has vivido. Has querido. Te has equivocado. Has reparado lo que has podido. Ahora estás en silencio. ¿Qué te alegra haber hecho? Deja que aparezca lo que aparezca. Sin pensar mucho. Quizá una conversación. Quizá un perdón. Quizá un viaje pequeño. Quizá haber estado de verdad con alguien. Mira lo que aparece. Quizá te sorprenda que no sea lo que pensabas. Quizá sea más pequeño. Más íntimo. Más cierto. Y ahora, sin culpa, sin reproche. ¿Hay algo que sentirías que no llegaste a hacer? Quizá decir algo. Quizá soltar algo. Quizá empezar algo. Quédate con lo que venga. Sin agobio. Solo escuchando. Lo que ha aparecido es información valiosa. La vida tiene la generosidad de avisarte antes. No para asustarte. Para reorientarte mientras hay tiempo. Lo que duele de imaginar perdido suele ser lo que está pidiendo más sitio hoy. Escúchalo sin prisa. Sin convertirlo todavía en lista de tareas. Vuelve, despacio, al cuerpo. A la respiración. Aquí. Hay algo que conviene mirar también. En esa habitación imaginada, cuando se cayeran todas las capas, ¿qué queda? No queda el cargo. No queda el sueldo. No quedan los seguidores. No queda el cuerpo joven. Queda algo más nuclear. Eso que queda lo has estado tocando en toda esta serie. Ese fondo silencioso que mira. Ese sitio que no se rompe. El verdadero yo no teme tanto a la muerte. No porque sea heroico. Porque ya sabe que las capas se van. Está reconciliado con eso. Y eso, mirado bien, no entristece. Libera. Libera para vivir hoy con más calma. Para querer con más calma. Para soltar lo que no importaba. Hay una paradoja honda aquí. Mirar el final no acorta la vida. La alarga. La hace más densa. Más presente. Como si cada hora supiera lo que vale. Como si cada conversación pesara un poco más, en el buen sentido. Si te llevas una sola idea hoy, que sea esta: contemplar el final, sin miedo, devuelve el principio. Devuelve este día. Este. Gracias por estar aquí.

Esto es un capítulo de un recorrido más largo

En Brillemos.org tienes 10 recorridos de 25 capítulos como este — una práctica contemplativa diaria para volver al silencio.

Empieza El verdadero yo completo

Gratis · Sin tarjeta · En 30 segundos

Otros capítulos del recorrido

Ver todos →
  1. 01

    Recordar: hay dos yo dentro de ti

    Re-introducción consciente. Diferencia entre máscara y self.

  2. 02

    El falso yo no es enemigo, es necesario

    Liberarse del odio al ego. El falso yo te protegió cuando hizo falta.

  3. 03

    Cómo se construyó tu falso yo

    Infancia: lo que se premió, lo que se castigó, lo que tuviste que esconder.

  4. 04

    El precio del falso yo

    Cansancio, necesidad de validación, pérdida de espontaneidad.

  5. 05

    El primer indicio del verdadero yo

    Momentos de paz inesperada: infancia, naturaleza, silencio, dolor.