El verdadero yo · Cap 10 / 25

Soltar la capa "lo que conseguí"

Los logros se acaban. El que conseguía, ¿quién era?

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Bienvenido. Hay una pregunta que casi nadie se hace en voz alta. Pero que muchos sentimos por dentro, sobre todo cuando algo importante acaba. Después de terminar la carrera. Después del ascenso. Después de que los hijos crezcan. Una pregunta que aparece sin avisar. "¿Y ahora qué?" Hoy vamos a sentarnos al lado de esa pregunta. Si te apetece, busca una postura cómoda. Recostado o sentado, como tú quieras. Deja que el cuerpo se afloje. Los hombros un poco más bajos. La mandíbula suelta. Toma aire por la nariz. Suéltalo despacio por la boca. Otra vez. Sin prisa. Aquí. Los logros son una cosa rara. Mientras los persigues, parecen el centro de todo. Crees que cuando lleguen ahí, algo dentro descansará. Sacar el título. Comprar la casa. Conseguir el puesto. Formar la familia. Y a veces llegan. Después de mucho trabajo, llegan. Pero ocurre algo curioso. Lo conseguido, al poco tiempo, se vuelve normal. El título cuelga en una pared y deja de mirarse. La casa se ordena, se llena, y un día es solo la casa. El puesto se rutiniza. Y aparece, calladito, ese vacío raro. Si lo conseguido ya no llena, ¿qué llenaba en realidad? Vamos despacio aquí. Esto no es para deprimirse. Es para mirar con honestidad algo importante. Los logros se acaban. A veces se desvanecen. A veces se vuelven costumbre. A veces, simplemente, no eran lo que prometían ser. Pero hay alguien que no se acaba. La persona que perseguía aquello. Esa persona sigue ahí. Antes del logro, durante el logro, después del logro. Es la única que no se desvanece. Y a esa persona casi nunca la miramos. Si te apetece, vamos a mirarla un momento. Cierra los ojos, si quieres. Trae a la mente uno de tus logros importantes. Algo que conseguiste con esfuerzo. No te quedes con el logro. Mira atrás. Mira a la persona que lo persiguió. A la que se levantó muchas mañanas. A la que tuvo dudas. A la que siguió. Esa persona, ¿quién era? ¿Qué cuidaba? ¿Qué temía? ¿Qué le hacía seguir? Mírala con cariño. Sin medirla por lo que sacó. Solo mirándola a ella, no a su trofeo. Quédate ahí unos segundos. Date cuenta de algo. Esa persona, esencialmente, sigue siendo tú. El logro está fuera, encima de un estante o ya borrado. Pero el que lo persiguió respira ahora mismo aquí. Y tiene un valor que no depende de lo que consiguió. Tiene valor por estar. Por haber sentido. Por haber querido. Por haber dudado y seguir. Eso es algo que ningún logro te da y ningún fracaso te quita. Soltar la capa de "lo que conseguí" no es despreciar los logros. Es ponerlos en su sitio. Son cosas que pasaron por tu vida. No son tu vida. Tu vida es la que está pasando ahora, respirando, mirando hacia dentro. Si te llevas una sola idea hoy, que sea esta: Los logros se acaban. La persona que los persiguió permanece. Eres infinitamente más que la lista de cosas que has conseguido. Gracias por estar aquí.

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  1. 01

    Recordar: hay dos yo dentro de ti

    Re-introducción consciente. Diferencia entre máscara y self.

  2. 02

    El falso yo no es enemigo, es necesario

    Liberarse del odio al ego. El falso yo te protegió cuando hizo falta.

  3. 03

    Cómo se construyó tu falso yo

    Infancia: lo que se premió, lo que se castigó, lo que tuviste que esconder.

  4. 04

    El precio del falso yo

    Cansancio, necesidad de validación, pérdida de espontaneidad.

  5. 05

    El primer indicio del verdadero yo

    Momentos de paz inesperada: infancia, naturaleza, silencio, dolor.