Gratitud · Cap 11 / 25

El silencio cuando llega

Agradecer los momentos en que algo se calla.

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10 minutos · meditación contemplativa · Busca un sitio tranquilo, si puedes

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Bienvenido. Hoy queremos hablar de algo de lo que casi nadie habla. El silencio. Pero no el silencio como ausencia. Como castigo. Como incomodidad cuando dos personas no saben qué decir. El otro silencio. El que llega, a veces, sin avisar, y te coloca dentro. Si te apetece, busca una postura cómoda. Suelta los hombros. Y deja que la respiración encuentre su ritmo, sin que la dirijas. Vamos a recordar juntos un momento de silencio bueno. Quizá lo has vivido alguna vez, sin darle nombre. Es un instante en que algo, dentro o fuera, se calla. Y, sin pedirlo, te llega calma. Puede ser al amanecer, cuando aún no ha empezado el día. La casa está dormida. La calle, aún sin coches. Solo se oye, quizá, un pájaro. O nada. Y en ese hueco, te das cuenta de que estás respirando, sin más. Y algo, dentro, se ablanda. Puede ser al apagar la radio del coche en medio de un atasco. De repente, sin la música, sin las voces que opinaban, queda solo el sonido del motor. Y dentro, una quietud rara, casi atrevida, casi prohibida. Puede ser al terminar de hablar con alguien sobre algo importante. Una conversación honda. Cuando ya está dicho lo que había que decir. Y los dos se quedan, simplemente, callados. Mirando el suelo. Sin necesidad de añadir nada. Y ese silencio es la verdadera respuesta. Puede ser cuando entras a un sitio antiguo. Una iglesia vacía. Una habitación con buena luz en la que nadie habla. Hay sitios que tienen su propio silencio. Y al entrar, lo notas. Como si ese silencio te estuviera esperando hace tiempo. También puede ser dentro de ti. A veces, sin esperarlo, la mente se calla. No del todo. Pero un poco. Y queda algo más profundo que los pensamientos. Algo que no se puede nombrar. Y por unos segundos, todo es más sencillo de lo que parecía. Eso es un regalo enorme. Y casi nunca lo agradecemos. Pasa el momento, vuelve el ruido, y olvidamos que ocurrió. Hoy queremos pararnos un instante ahí. Si te apetece, intenta recordar uno. Solo uno. Un momento, alguna vez, en que el silencio te trajo paz sin que tú lo buscaras. Quizá fue de niño. Quizá fue en un viaje. Quizá hace una hora, sin que lo notaras del todo. Mira a ver si lo encuentras. Cuando lo tengas, quédate con él un instante. No tienes que recuperarlo. Solo reconocer: "ese silencio existió. Y dentro de mí estuvo bien". Y agradecerle, sin más. Porque vivimos rodeados de ruido. Y el ruido, sin que lo notemos, va tensándonos. Voces de pantalla. Coches. Notificaciones. Conversaciones internas que no paran. Y el silencio, cuando llega, es como sentarse después de un día entero de pie. Es un alivio que no sabíamos que necesitábamos. Y por eso, cuando llega, conviene reconocerlo. Sin ensancharlo. Sin agarrarlo. Sin decirle "quédate". Solo, mientras dura, decirle por dentro: "gracias por venir". Se va, claro. El silencio siempre se va. Pero al haberlo reconocido, se queda algo de él dentro. Y la próxima vez vuelve un poco más fácil. Quédate un momento aquí. Si quieres, escucha. A tu alrededor. Y dentro. Donde haya silencio, por pequeño que sea, agradécelo. Hay algo más, profundo, que conviene mirar. Los silencios buenos casi siempre traen lo mismo. Una pequeña verdad que conocías y habías olvidado. Algo simple, que no se podía oír mientras el ruido tapaba. A veces es una decisión que ya estaba tomada dentro de ti y que no te atrevías a escuchar. A veces es un afecto que sentías por alguien y que el día a día había escondido. A veces es solo la pregunta justa, la pregunta que tu vida lleva tiempo esperando. El silencio no inventa esas cosas. Solo las deja salir. Y por eso, al principio, asusta un poco. Porque sabemos, en el fondo, que hay verdades nuestras esperándonos ahí. Pero esas verdades, casi siempre, son aliadas. Aunque se asomen con cara seria. Si te llevas una sola idea hoy, que sea esta: El silencio no es ausencia. Es presencia de algo que el ruido tapaba. Y cuando llega, sin que lo busques, te está trayendo algo que tú mismo necesitabas oír. Hoy, por un momento, lo hemos mirado. Eso, en sí, ya es paz. Gracias por estar aquí.

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  1. 01

    ¿Qué es agradecer de verdad?

    Distinción gratitud vs optimismo forzado vs deuda. Primera práctica diminuta.

  2. 02

    El reflejo automático de lo que falta

    La mente busca lo ausente. Notar el catálogo interno de quejas.

  3. 03

    Tres cosas al despertar

    Antes de mirar el móvil: tres cosas pequeñas que ya están bien.

  4. 04

    Agradecer al cuerpo que trabaja sin pedirlo

    Corazón, pulmones, órganos invisibles. Reconocer lo que late por ti.

  5. 05

    Agradecer a los sentidos

    Ver, oír, oler, tocar, saborear. Lo que millones darían por tener.