Gratitud · Cap 2 / 25

El reflejo automático de lo que falta

La mente busca lo ausente. Notar el catálogo interno de quejas.

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10 minutos · meditación contemplativa · Busca un sitio tranquilo, si puedes

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Bienvenido. Otra vez aquí. Si vienes del capítulo anterior, gracias. Si entras hoy por primera vez, también. No hace falta haber escuchado nada antes. Cada capítulo se sostiene por sí solo. Si te apetece, busca una postura cómoda. Deja que el cuerpo se asiente. Y permite que la respiración encuentre su propio ritmo. Sin esfuerzo. Hoy queremos hablar de algo que casi nadie nota. Pero que ocurre dentro de tu cabeza todo el rato. Un reflejo automático. Tu mente está buscando, sin que tú se lo pidas, lo que falta. Lo que no funciona. Lo que podría salir mal. Lo que el otro no hizo. Lo que aún no tienes. Lo que ya no es como era. Este reflejo no es defecto tuyo. No es debilidad. No es ingratitud. Es, simplemente, cómo está hecho un cerebro humano. Durante miles de años, sobrevivir significaba detectar la amenaza, no celebrar la abundancia. El que se quedaba quieto disfrutando del paisaje, no sobrevivía. El que escaneaba el horizonte buscando peligros, sí. Tú eres descendiente de los que escaneaban peligros. Llevas dentro su cableado. Por eso, cuando todo va relativamente bien, tu mente sigue buscando. Encuentra lo que falta antes de notar lo que sobra. Encuentra lo que duele antes de notar lo que está calmado. Encuentra el comentario raro de hace tres días antes de notar las diez conversaciones agradables de hoy. Eso no significa que estés mal. Significa que eres humano. Si quieres, prueba una cosa ahora mismo. Sin juzgarte. Solo mira lo que tu mente lleva diciéndote esta mañana. O este último rato. ¿Qué hay en ese catálogo interno? ¿Qué te ha dicho la cabeza desde que te levantaste? ¿Qué te falta? ¿Qué deberías haber hecho? ¿Qué te preocupa? ¿Qué crítica te ha lanzado, en bajito, sin pedirte permiso? No tienes que cambiar nada. Solo escuchar. Como quien escucha la radio de fondo en una casa. Las voces siguen sonando. Tú las oyes, pero no eres tú quien las dice. Quizá te sorprenda lo cargado que está ese catálogo. Quizá te sorprenda lo crítico que es contigo. O lo exigente. O lo asustado. Está bien notarlo. No hace falta arreglarlo. Y, sobre todo, no hace falta luchar contra él. Porque si tratas de obligarte a no quejarte, te quejas también de quejarte. Y entras en un bucle. La salida no es la lucha. La salida es la mirada amable. Reconocer ese reflejo, sin enfadarte con él, lo afloja. Como cuando reconoces a alguien por la calle y simplemente asientes con la cabeza. Sin entablar conversación. Sin pelearte. Solo: "ah, sí, te veo". Eso le quita fuerza. Cuando notas el reflejo automático, dejas de obedecerle sin querer. Ya no es invisible. Ya no manda en silencio. Te das cuenta de que la voz que dice "me falta esto" es solo una voz más. No es la realidad. Es un escaneo antiguo que sigue funcionando. Y entonces, al lado de esa voz, puede aparecer otra. Una más sencilla. La voz que reconoce lo que sí está. Esa voz también existe. Solo que es más suave. Y rara vez la escuchamos, porque la otra grita más. Hoy te propongo algo muy pequeño. A lo largo del día, cuando notes que tu cabeza vuelve a su catálogo de lo que falta, no le digas nada. No te enfades con ella. No te pongas a "ser positivo" a la fuerza. Solo nota: "ah, ya está aquí otra vez". Y luego, si te apetece, mira alrededor. Una sola cosa que sí esté bien. Una sola. Y agradécela. Y vuelve a lo que estabas haciendo. Esto, repetido sin presión, va aflojando el reflejo. No lo apaga, porque no se puede apagar. Pero deja de ser el dueño de tu mirada. Quédate un momento en silencio. Si quieres, sigue escuchando ese murmullo de fondo. Sin enfadarte con él. Solo notándolo. Como una vieja costumbre que ya no necesitas obedecer. Si te llevas una sola idea hoy, que sea esta: La mente busca lo que falta porque está hecha para eso. No eres tú quien lo elige. Lo único que puedes elegir es la mirada con la que lo ves. Y elegir, además, abrir un instante la otra mirada. La que reconoce lo que sí está. Una cosa buena. Solo una. Y volver a tu día. Sin lucha. Sin esfuerzo. Sin culpa. Gracias por estar aquí.

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  1. 01

    ¿Qué es agradecer de verdad?

    Distinción gratitud vs optimismo forzado vs deuda. Primera práctica diminuta.

  2. 03

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    Ver, oír, oler, tocar, saborear. Lo que millones darían por tener.

  5. 06

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