Gratitud · Cap 4 / 25

Agradecer al cuerpo que trabaja sin pedirlo

Corazón, pulmones, órganos invisibles. Reconocer lo que late por ti.

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10 minutos · meditación contemplativa · Busca un sitio tranquilo, si puedes

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Bienvenido. Vamos a quedarnos un momento con algo que casi nunca miramos. Tu cuerpo. Pero no el cuerpo de la báscula. No el cuerpo del espejo. No el cuerpo que te exige cosas que no sabes darle. El cuerpo de verdad. El que está ahora mismo trabajando para ti, sin pedirte nada a cambio. Si te apetece, busca una postura cómoda. Deja que el peso del cuerpo baje sobre lo que te sostiene. Y, si quieres, toma aire por la nariz. Despacio. Lo dejas salir por la boca. Una vez más. Y otra. Ahora, fíjate en algo curioso. Acabas de respirar. Y no has tenido que decirle al cuerpo cómo se hace. El cuerpo respira por ti. Mientras lees, mientras duermes, mientras te enfadas con alguien, mientras no piensas en ello. El cuerpo respira. Sin pedirte permiso. Sin pedir nada. Y no es solo eso. Tu corazón lleva latiendo desde antes de que nacieras. Sin parar. Tantos millones de veces que no se pueden contar. Ahora mismo, mientras escuchas esto, late otra vez. Sin que se lo pidas. Sin que tengas que recordárselo. Late. Y en tu sangre van moviéndose células, oxígeno, nutrientes, defensas. Todo, ordenado. Sin que tú lo sepas. Sin que tú lo dirijas. Estás sostenido por un trabajo invisible. Un trabajo enorme que ocurre todo el rato dentro de ti. Tu hígado limpia. Tus riñones filtran. Tus pulmones recogen el aire y separan lo que sirve de lo que no. Tus huesos te sostienen. Tu piel te protege del mundo, te avisa del calor, del frío, de lo que te roza. Tu intestino digiere algo que comiste hace horas, sin que tengas que prestarle atención. Hay un orden silencioso, ahí dentro. Y casi nunca le decimos gracias. Casi siempre miramos al cuerpo cuando algo falla. Cuando duele. Cuando pesa. Cuando no responde como nos gustaría. Pero el cuerpo, casi todo el tiempo, no falla. Hace mucho más de lo que pedimos. Y nos sigue queriendo bien, aunque le tratemos mal. Aunque le hayamos exigido demasiado. Aunque le hayamos criticado en el espejo. Aunque le hayamos negado el descanso que pedía. Tu cuerpo sigue trabajando. Si te apetece, lleva una mano al pecho. Despacio. Y siente. Ahí debajo, hay un corazón latiendo para ti. Quédate un momento con esa mano puesta. No le pidas nada al cuerpo. No le exijas que cambie. Solo... agradécele. En silencio. Por estar ahí. Por respirar. Por latir. Por sostenerte cada día. Esto que estás haciendo es muy antiguo. Antes que las palabras, hubo gestos como este. Una mano que se posa donde duele. Una mirada que reconoce. Un agradecer sin diccionario. Tu cuerpo entiende ese lenguaje. Le habla algo más antiguo que tú. Y se va aflojando, cuando lo sientes así. Vamos a quedarnos un momento más. Si quieres, sigue notando la mano sobre el pecho. O simplemente respira, viendo cómo el cuerpo hace su trabajo sin que tú intervengas. Sin que tengas que hacer nada. Hay algo más. Algo que pocas personas nos paramos a pensar. Tu cuerpo es lo único que ha estado contigo desde el principio. Desde antes de tu primer recuerdo. Tu primer amigo. Tu primera pareja. Tu primera casa. Todo lo demás ha cambiado. Pero el cuerpo, este mismo cuerpo, ha estado. Aguantando lo que tú aguantabas. Acompañándote a sitios que tú no querías ir. Cargando con lo que no podías soltar. Y aun así, sigue intentando que tú estés bien. Aunque tú mismo, a veces, no le hayas tratado como un amigo. Esa lealtad silenciosa merece algo. Si te llevas una sola idea hoy, que sea esta: Tu cuerpo es la cosa más fiel que tienes. Lleva trabajando por ti toda la vida. Sin descanso. Sin agradecimiento. A veces, simplemente reconocerlo lo alivia un poco. Y entonces el cuerpo, que lleva esperando, también se ablanda. Gracias por estar aquí.

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  1. 01

    ¿Qué es agradecer de verdad?

    Distinción gratitud vs optimismo forzado vs deuda. Primera práctica diminuta.

  2. 02

    El reflejo automático de lo que falta

    La mente busca lo ausente. Notar el catálogo interno de quejas.

  3. 03

    Tres cosas al despertar

    Antes de mirar el móvil: tres cosas pequeñas que ya están bien.

  4. 05

    Agradecer a los sentidos

    Ver, oír, oler, tocar, saborear. Lo que millones darían por tener.

  5. 06

    El primer trago de agua, la primera comida

    Lo que la humanidad pidió siempre. Volver a la base.