Gratitud · Cap 3 / 25

Tres cosas al despertar

Antes de mirar el móvil: tres cosas pequeñas que ya están bien.

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10 minutos · meditación contemplativa · Busca un sitio tranquilo, si puedes

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Bienvenido. Aquí otra vez. Si te apetece, déjate caer en la postura. Hombros abajo. Mandíbula floja. Y permite que la respiración encuentre su propio ritmo. Sin pedirle nada. Hoy queremos llevarte a un momento concreto del día. El primero. El momento en que abres los ojos. Ese instante de transición entre el sueño y el día. Para casi todo el mundo, ese momento se interrumpe muy rápido. Suena el despertador. Lo apagas. Coges el móvil. Y, en pocos segundos, ya estás dentro de mil cosas. Las noticias. El primer mensaje. La lista de lo pendiente. Las preocupaciones que te dejaste anoche, intactas, esperándote en el techo. El día empieza, antes de que tú estés del todo despierto, dentro de la urgencia. Y todo el día, después, lleva ese tono. Hoy queremos proponerte una cosa pequeña. No te pedimos meditar media hora al despertar. Tampoco diario, ni ritual elaborado. Solo tres cosas. Tres cosas pequeñas que ya estén bien. Antes de mirar el móvil. Tres cosas que ya estén ahí, esperándote, sin que tengas que hacer nada para conseguirlas. Vamos a probarlo ahora, como ensayo. Como si fuera tu primer despertar de mañana. Si quieres, cierra los ojos. O bájalos hasta el suelo. Y respira. Vamos a buscar la primera cosa. Una cosa pequeña que ya esté bien. No tiene que ser nada especial. Puede ser que estés en una cama. O que tengas un techo encima. O que hayas dormido algo. O que el cuerpo, aunque esté cansado, te haya despertado para otro día más. Encuentra una. No la pienses mucho. La primera que te venga. Quédate con ella un momento. No la celebres. Solo mírala. "Ah, esto está aquí". Ahora la segunda. Algo distinto. Puede ser el aire que está entrando ahora mismo en tus pulmones. O el silencio del cuarto antes de que empiece el ruido del día. O alguien que duerme cerca de ti. O que nadie te necesite con urgencia, en este instante exacto. Encuentra la segunda. Mírala. "Ah, esto también está aquí". Y, por último, la tercera. Algo que tenga que ver con lo que sí tienes hoy. No mañana. No cuando consigas aquello. Hoy. Puede ser una persona que sabes que está, aunque no la veas hoy. Puede ser una conversación que tienes pendiente y que te apetece. Puede ser algo tan pequeño como el café que te vas a hacer en un rato. Encuentra la tercera. Mírala. "Ah, esta también". Tres cosas. Eso es todo. Sin escribirlo. Sin contárselo a nadie. Sin convertirlo en un proyecto. Solo el gesto, antes de meterte en el día. Esto, hecho una vez, ya es suficiente. Pero cuando se hace varias mañanas, algo curioso empieza a pasar. La mente, que está acostumbrada a saltar directa a lo que falta, aprende otra ruta. Aprende que existe la posibilidad de mirar, primero, lo que ya está. No para negar lo difícil. No para mentirse. Solo para no empezar el día asustado. Porque el día que empieza desde el catálogo de lo que falta, ya viene tenso. El día que empieza desde tres cosas pequeñas que están bien, viene un poco más abierto. No es magia. Es solo dónde pones la primera mirada. Y la primera mirada, casi siempre, marca el resto. Si te apetece, mañana, antes de coger el móvil, prueba. No te exijas hacerlo todos los días. Hazlo cuando recuerdes. Algunos días te saldrán fáciles. Otros días no te saldrá ninguna. Eso también está bien. Volver a intentarlo otra mañana es la práctica. No hace falta hacerlo perfecto. Solo hacerlo. Y cuando lo olvides, volver a intentarlo sin reñirte. Vamos a quedarnos un momento en silencio. Si quieres, vuelve a las tres cosas que has encontrado hace un rato. O respira. Si te llevas una sola idea hoy, que sea esta: Antes del móvil, tres cosas. Tres cosas pequeñas que ya están bien. Una. Dos. Tres. Y luego sí, el día. Pero el día, ya, con otra mirada. Gracias por estar aquí.

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    ¿Qué es agradecer de verdad?

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  5. 06

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    Lo que la humanidad pidió siempre. Volver a la base.