Gratitud · Cap 5 / 25

Agradecer a los sentidos

Ver, oír, oler, tocar, saborear. Lo que millones darían por tener.

0:00
10:00

10 minutos · meditación contemplativa · Busca un sitio tranquilo, si puedes

Leer este capítulo

El texto completo, por si prefieres leer o quieres volver a una frase

Bienvenido. Hoy vamos a un sitio diminuto. Cinco cosas están funcionando ahora mismo, en ti, y casi nunca las miras. Vamos a hacerles caso, una por una. Tus cinco sentidos. Si te apetece, ponte cómodo. Que el cuerpo se afloje. Que la respiración baje un punto. Una inspiración por la nariz. Una exhalación lenta. Otra más. Aquí. Vamos a ir uno por uno. Despacio. Sin prisa. Empezamos por la vista. Si tienes los ojos abiertos, mira algo a tu alrededor. Cualquier cosa. Una luz. Un mueble. Tu mano. No tiene que ser bonito. Solo nota: estás viendo. Ver no te cuesta nada. Y precisamente por eso, casi nunca lo agradeces. Mirar, hoy, puede ser un pequeño acto de gratitud. Quédate un instante con eso. Sin solemnidad. Solo como un reconocimiento. "Ah, puedo ver." Ahora cierra los ojos, si quieres. O bájalos. Pasamos al oído. Escucha. Sin buscar nada concreto. Hay sonidos a tu alrededor. Algunos muy bajitos. El zumbido de algo lejano. El roce de tu propia ropa al moverte. Tu propia respiración. Estás oyendo. Sin esfuerzo. Los oídos llevan funcionando desde antes de que nacieras. Hay quien daría todo por escuchar la voz de alguien que ya no le habla. Tú escuchas. Ahora. Lo que sea. Quédate un momento ahí. Y, en silencio, agradece. "Ah, puedo oír." Pasamos al olfato. Toma aire. Despacio. ¿Qué huele aquí? Quizá nada en concreto. Quizá un olor familiar: la habitación, la ropa, el café de antes. Quizá algo más sutil que ni sabías nombrar. El olfato es el sentido más antiguo que tenemos. Trae recuerdos enteros sin pedir permiso. Una panadería en la calle te puede devolver a la cocina de tu abuela. Sin previo aviso. Ese pequeño milagro está dentro de ti. "Ah, puedo oler." Pasamos al tacto. Si quieres, lleva los dedos sobre alguna superficie. La ropa que llevas. El brazo del sillón. Tu propia pierna. Nota la textura. Lo suave, lo rugoso, lo cálido, lo frío. Tu piel está reconociendo lo que toca, ahora mismo, sin que tú se lo pidas. La piel es el órgano más grande que tienes. Te separa del mundo y, a la vez, te conecta con él. Un abrazo, una mano que coge la tuya, una caricia, llegan por aquí. Y también el peso del cuerpo contra lo que te sostiene, en este instante. "Ah, puedo tocar." Y por último, el gusto. Quizá no estés comiendo nada ahora. Pero tu boca está ahí. La lengua puede saborear miles de matices. Salado. Dulce. Amargo. Ácido. Y ese quinto sabor que casi no sabemos nombrar. El gusto es la frontera entre tú y lo que entra a sostenerte. Cada vez que comes, hay un milagro pequeño en marcha. Y casi siempre lo hacemos rápido, mirando una pantalla, sin notar nada. La próxima comida, quizá, pruébala despacio. Tres bocados conscientes. Eso es suficiente. "Ah, puedo saborear." Cinco sentidos. Cinco puertas al mundo que la mayoría tenemos abiertas y casi nunca atravesamos. Cuando uno se cierra, descubrimos que era un regalo. Mientras siguen abiertas, podemos pasar la vida entera dándolas por hechas. Hoy no. Hoy, aunque sea por un momento, los hemos mirado. Hemos dado las gracias. Y eso ya cambia algo. Piensa, además, en algo más íntimo. Cada uno de tus cinco sentidos guarda recuerdos que ningún diario podría guardar. La voz de alguien que ya no está pero que aún reconocerías entre miles. El olor de la casa donde fuiste pequeño, que te volvería a la cara si lo cruzaras hoy en la calle. El sabor de algo que te hacía tu madre y que ya nadie te hace igual. El tacto de unas manos concretas que cogieron las tuyas en un momento difícil. Una luz determinada, en una hora determinada, que ves a veces y te lleva entero a otro sitio. Tus sentidos no solo te traen el presente. Te guardan, sin que tú elijas, las cosas que más quisiste. Y mientras estén abiertos, esos recuerdos siguen vivos dentro de ti, esperando. Eso es un milagro que no tiene precio. Si te llevas una sola idea hoy, que sea esta: Tienes cinco puertas al mundo, todas abiertas. Cada una es un regalo silencioso. Y cada una guarda, en silencio, una parte de toda tu vida. No hay que celebrarlas con fuegos artificiales. Solo, de vez en cuando, mirarlas. Y decir, sin más: "Ah, esto está aquí. Y funciona." Gracias por estar aquí.

Esto es un capítulo de un recorrido más largo

En Brillemos.org tienes 10 recorridos de 25 capítulos como este — una práctica contemplativa diaria para volver al silencio.

Empieza Gratitud completo

Gratis · Sin tarjeta · En 30 segundos

Otros capítulos del recorrido

Ver todos →
  1. 01

    ¿Qué es agradecer de verdad?

    Distinción gratitud vs optimismo forzado vs deuda. Primera práctica diminuta.

  2. 02

    El reflejo automático de lo que falta

    La mente busca lo ausente. Notar el catálogo interno de quejas.

  3. 03

    Tres cosas al despertar

    Antes de mirar el móvil: tres cosas pequeñas que ya están bien.

  4. 04

    Agradecer al cuerpo que trabaja sin pedirlo

    Corazón, pulmones, órganos invisibles. Reconocer lo que late por ti.

  5. 06

    El primer trago de agua, la primera comida

    Lo que la humanidad pidió siempre. Volver a la base.