Gratitud · Cap 8 / 25

Quien te cuidó cuando no podías

Madre, padre, quien fuera. Sin idealizar. Reconocer el cuidado real.

0:00
10:00

10 minutos · meditación contemplativa · Busca un sitio tranquilo, si puedes

Leer este capítulo

El texto completo, por si prefieres leer o quieres volver a una frase

Bienvenido. Hoy vamos a un sitio íntimo. Tan íntimo que casi nadie lo visita. Vamos al principio. Al verdadero principio. Si te apetece, busca una postura cómoda. Y deja que el cuerpo se afloje. Toma aire. Suéltalo despacio. Y quédate aquí, conmigo, un momento. Hubo un día en que tú no podías hacer nada por ti mismo. Ni levantar la cabeza. Ni cubrirte del frío. Ni decirle a nadie que tenías hambre. Solo podías llorar. Y esperar que alguien te oyera. Esa persona, fuera quien fuera, hizo algo que casi nunca celebramos. Te oyó. Te cogió. Te dio de comer. Te cambió. Te tuvo en brazos cuando llorabas y no se sabía por qué. Te calentó cuando hacía frío. Te abrigó por la noche, mil noches. Una y otra vez. Sin saber si lo estaba haciendo bien. Sin manual. A veces cansada. A veces enfadada. A veces sin saber qué hacer. Pero ahí. Esa persona, hoy, queremos reconocerla. Sea quien sea. Tu madre. Tu padre. Una abuela. Una tía. Un vecino. Una cuidadora. Quien fuese. Quizá fue una sola persona. Quizá fueron varias. Quizá fue, en parte, una institución. No importa el formato. Importa el hecho: Estás vivo, ahora, escuchando esto, porque alguien te cuidó cuando no podías cuidarte. Y eso, casi nadie se lo agradece de adulto. Lo damos por hecho. Como si nos lo debieran. A veces les hemos guardado rencor por lo que no nos dieron. A veces es legítimo. A veces hubo cosas que faltaron, o que dolieron. No vamos a negar eso. Pero hoy queremos quedarnos con otra cosa. Con lo que sí hicieron. Aunque fuera imperfecto. Aunque les costara. Aunque tú no te acuerdes. Te lavaron. Te dieron de comer. Te taparon. Te miraron. Te pusieron a salvo, lo mejor que pudieron. Y aquí estás. Si te apetece, lleva ahora a la mente a esa persona. La primera persona que te cuidó cuando eras pequeño. La cara que veías al despertar. La voz que te calmaba. Las manos que te recogieron tantas veces. No tiene que ser una imagen perfecta. Quizá ya no está. Quizá tu relación con esa persona es complicada. Quizá nunca llegasteis a entenderos del todo. Aun así, hoy, en silencio, le decimos algo. Sin obligarte a sentir lo que no sientes. Sin pedirte que perdones lo que no estás listo para perdonar. Solo, en silencio, reconocer: "Tú me cuidaste cuando yo no podía cuidarme." "Si yo estoy aquí, en parte, es por eso." "Gracias." Esa frase, dicha en silencio, no te obliga a nada con esa persona. No te obliga a llamarla. No te obliga a olvidar lo que duele. No te obliga a reconciliarte. Solo te coloca, dentro, en otro sitio. Un sitio más adulto. Más libre. Porque mientras solo recuerdas lo que faltó, sigues siendo, en parte, el niño que esperaba más. Y cuando, además, reconoces lo que sí hubo, te conviertes en alguien que mira de frente. Que no idealiza. Que no demoniza. Que acepta. Y eso, dentro de ti, suelta algo viejo. Quédate un momento aquí. Si te apetece, con esa persona en mente. O con varias. Sin necesidad de decir nada. Sin necesidad de hacer nada. Solo, reconocer. Hay algo más que conviene decir. Esa persona, fuera quien fuera, no eligió todas las herramientas con las que te cuidó. Recibió, ella también, lo que pudo de quien la cuidó a ella. Y, dentro de lo que tenía, te dio lo mejor que supo. Eso no la justifica de lo que faltó. Pero la coloca dentro de algo más grande. Una cadena larguísima de personas que se han ido cuidando unas a otras desde el principio del mundo. A trozos. Con errores. Como buenamente han podido. Y tú estás en esa cadena. Aquí, ahora, vivo, porque alguien al principio dijo sí cuando habría sido más fácil decir no. Eso no es poco. Si te llevas una sola idea hoy, que sea esta: Alguien te sostuvo cuando no podías sostenerte. Sea quien fuera. Como pudiera. Con lo que tenía a mano. Si estás aquí, fue, en parte, por eso. Y reconocerlo, aunque sea en silencio, ablanda algo dentro de ti que llevabas duro hace tiempo. Te coloca dentro de una cadena larga. Y al colocarte ahí, te quita un poco de la soledad que llevabas a cuestas. Gracias por estar aquí.

Esto es un capítulo de un recorrido más largo

En Brillemos.org tienes 10 recorridos de 25 capítulos como este — una práctica contemplativa diaria para volver al silencio.

Empieza Gratitud completo

Gratis · Sin tarjeta · En 30 segundos

Otros capítulos del recorrido

Ver todos →
  1. 01

    ¿Qué es agradecer de verdad?

    Distinción gratitud vs optimismo forzado vs deuda. Primera práctica diminuta.

  2. 02

    El reflejo automático de lo que falta

    La mente busca lo ausente. Notar el catálogo interno de quejas.

  3. 03

    Tres cosas al despertar

    Antes de mirar el móvil: tres cosas pequeñas que ya están bien.

  4. 04

    Agradecer al cuerpo que trabaja sin pedirlo

    Corazón, pulmones, órganos invisibles. Reconocer lo que late por ti.

  5. 05

    Agradecer a los sentidos

    Ver, oír, oler, tocar, saborear. Lo que millones darían por tener.