Gratitud · Cap 20 / 25

Agradecer las pérdidas

Lo que se fue dejó sitio para otra cosa. Honrar sin idealizar.

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10 minutos · meditación contemplativa · Busca un sitio tranquilo, si puedes

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Bienvenido. Hoy vamos a un sitio diminuto. Y, a la vez, íntimo. A las pérdidas. Las personas que ya no están. Lo que se acabó. Lo que se fue sin volver. Como en el capítulo de ayer: si la pérdida está fresca, lo que necesitas no es esto. Es llorarla, acompañarla, pedir ayuda. Vuelve cuando haya pasado un tiempo. Si te apetece, ponte cómodo. Que el cuerpo se afloje. Que la respiración baje un punto. Una inspiración por la nariz. Una exhalación lenta. Otra más. Aquí. Hay una idea que se repite mucho y que es media verdad. Dicen que el tiempo cura. No es del todo cierto. El tiempo, por sí solo, no cura. Lo que cura es el tiempo dedicado a aceptar. Lo que cura es haberlo llorado de verdad. Lo que cura es haber dejado, poco a poco, que el ausente cambie de sitio dentro de ti. De ser un hueco que duele, a ser una presencia callada que ya no hace daño. Eso lleva años, a veces. Y nadie debe meternos prisa. Pero un día, sin avisar, te das cuenta de que ya estás en el otro lado. Que cuando te acuerdas, no se rompe nada. Que tu pérdida ya ha encontrado su sitio. Y desde ahí, sin culpa, también se puede mirar lo que se fue con otra mirada. No es agradecer la pérdida en sí. Eso sería absurdo, y ofensivo a tu propio dolor. Es otra cosa. Es reconocer que esa persona, o esa cosa, o esa etapa, mientras estuvo, te dio algo. Y que eso que te dio, sigue dentro de ti. Después de que se fuera. Sigue. Tú no eres quien eras antes de conocerla. Tú no eres quien eras antes de vivir aquello. Llevas, dentro, algo de ella. Una manera de mirar. Una manera de hablar que cogiste y aún usas. Una receta. Una canción. Una expresión. Una frase. Una forma de querer. Algo de su mirada, en cómo tú miras ahora a los demás. Eso es lo que dejó. Y eso, no se fue. Vamos a hacer un ejercicio en silencio, si te apetece. Lleva a la mente a alguien o a algo que perdiste y que ya tienes situado. No el último gran dolor. Algo más viejo. Una persona que ya no está. Una época de tu vida que terminó. Una casa, una ciudad, una manera de vivir. Cuando la tengas, no la abras del todo. Solo mírala, desde donde estás hoy. Sin volver al hueco. Y pregúntale algo, en silencio: "¿Qué se quedó conmigo de ti?" Espera. Quizá te venga una imagen. Quizá una frase que esa persona te decía. Quizá un gesto tuyo que aprendiste mirándola. Quizá una forma de tratar a alguien que llevas dentro porque a ti así te trataron. Quédate un momento con lo que aparezca. Y, en silencio, dile: "Gracias por seguir aquí. De otra manera. Pero aquí." Hay personas que se han ido hace décadas y siguen viviendo, en silencio, en quienes las quisieron. Hay etapas que ya no existen pero formaron tus cimientos. Hay casas en las que no vuelves a entrar pero te enseñaron cómo es estar bien en una casa. Lo que dejas atrás no desaparece. Cambia de sitio. Y vive en ti. Eso es algo muy antiguo. Más antiguo que las palabras. Algunos pueblos dicen que mientras los recordamos, los muertos siguen entre nosotros. No hace falta creer en nada para entenderlo. Basta con sentirlo, en silencio, de vez en cuando. La persona que perdiste vivió contigo lo bastante para dejarte una huella. Esa huella todavía está dentro. Hoy, simplemente, la hemos reconocido. Sin lágrimas obligatorias. Sin discursos. Solo, mirándola. Diciendo, sin hablar: "Sigues aquí. De otra forma. Y eso, también, está bien." Te propongo, si te apetece, para llevar. Una vez al año, o cuando te apetezca, dedica un momento corto a quien ya no está. No tiene que ser nada grande. Quizá encender una vela. Quizá hacer una receta suya. Quizá poner una canción que era suya. Quizá, simplemente, callarte un momento al pensar en ella. Eso no es vivir en el pasado. Es honrarlo, sin quedarse atrapado. Y al honrarlo, te haces más entero. Quédate un momento más aquí, en silencio. Sin pedirte nada. Si te llevas una sola idea hoy, que sea esta: Lo que perdiste no se borra. Cambia de sitio. Y vive, sin que tú lo veas, en quien tú eres ahora. Reconocerlo, de vez en cuando, en silencio, es la forma adulta de seguir queriendo. Gracias por estar aquí.

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Otros capítulos del recorrido

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  1. 01

    ¿Qué es agradecer de verdad?

    Distinción gratitud vs optimismo forzado vs deuda. Primera práctica diminuta.

  2. 02

    El reflejo automático de lo que falta

    La mente busca lo ausente. Notar el catálogo interno de quejas.

  3. 03

    Tres cosas al despertar

    Antes de mirar el móvil: tres cosas pequeñas que ya están bien.

  4. 04

    Agradecer al cuerpo que trabaja sin pedirlo

    Corazón, pulmones, órganos invisibles. Reconocer lo que late por ti.

  5. 05

    Agradecer a los sentidos

    Ver, oír, oler, tocar, saborear. Lo que millones darían por tener.