Habitar el ahora · Cap 5 / 25

Notar cuando te fuiste

Lo importante no es no irse. Es notar y volver.

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Si te apetece, regálate mañana un minuto de respirar sin más. Cada vez que notes que la mente se ha ido, di por dentro: vuelta. Y regresa al aire. Si vuelves quince veces, no es fracaso: son quince repeticiones. Lo que entrenas no es la quietud, es el darte cuenta.

Algo diminuto para llevarte al día. Sin prisa, sin obligación.

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Otra vez aquí, contigo. Vamos a empezar sin prisa. A veces uno llega creyendo que tiene que llegar de cierta manera. No hace falta. Llega como estés. Si te apetece, busca una postura cómoda. Deja que los hombros bajen. Que la mandíbula se suelte. Que las manos descansen donde caigan. Y respira por la nariz, despacio. Suéltalo por la boca. Otra vez. Y otra más. Sin dirigir. Solo notando. Hoy queremos quitarte un peso que llevas sin saber. Un peso que aparece en cuanto empiezas a practicar. Y que hace que la mayoría de las personas abandonen al poco. El peso es este. Crees que practicar bien significa no perderse. Te sientas a respirar, a estar presente, y a los pocos segundos la mente se va. Te das cuenta y piensas: "qué mal lo hago". "Otros sí saben quedarse aquí". "Yo no valgo para esto". Y poco a poco, dejas de intentarlo. Esto es importante mirarlo despacio. Es un malentendido. La práctica no consiste en no perderse. Eso no se puede. Perderse es lo que hace la mente. Como respirar es lo que hace el cuerpo. Pedirle que no se vaya es como pedirle al corazón que no lata. La práctica es otra cosa. La práctica es notar el momento de perderse. Y volver. Eso es todo. Hay aquí una bisagra importante. Lo importante no es no irse. Es darse cuenta de que te has ido. Esa milésima de segundo en la que dices, sin palabras, "ah, no estaba". Eso es presencia. Y eso es entrenable. Lo único que entrenas, en realidad, es ese darse cuenta. No la quietud. El darse cuenta. Y darse cuenta es lo que cambia la vida. Porque si en la práctica notas que te has ido y vuelves, fuera de la práctica notarás cosas parecidas. Notarás que estás enfadado. Notarás que estás criticando. Notarás que te estás cerrando. Notarás que estás dentro de una historia mental antigua y que la persona real está delante de ti. El darse cuenta es la misma habilidad en todos los terrenos. Por eso esta práctica, que parece pequeña, lo toca todo. Por eso vale la pena. Hay una cosa que vamos a dejar para más adelante. Cómo se vuelve. Con qué tono. Si con suavidad o con látigo. Eso lo miraremos despacio en otro capítulo de esta serie, cuando lleves más práctica y la pregunta se vuelva tuya. Hoy basta con esto. Notar que te has ido. Y volver. Sin más. Te propongo algo diminuto. Ahora mismo, no hagas nada especial. Solo respira. Y cuando notes que la mente se ha ido a otro sitio, lo cual va a pasar enseguida, simplemente di por dentro: "vuelta". Y vuelve al aire. Si vuelves quince veces en un minuto, has hecho quince repeticiones. No es vergüenza. Es músculo. Si hoy te llevas solo una idea, que sea esta. La práctica no es no perderse. Es notar el momento de perderse, y volver. Cada vuelta entrena. Cuanto más entrenas, más vida habitas. No te exijas no irte. Solo nota. Y vuelve. Una vez. Otra. Otra más. Gracias por estar aquí.

Esto es un capítulo de un recorrido más largo

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