Gratitud · Cap 14 / 25

Los amigos viejos

Los que recuerdan quién fuiste y siguen ahí.

0:00
10:00

10 minutos · meditación contemplativa · Busca un sitio tranquilo, si puedes

Leer este capítulo

El texto completo, por si prefieres leer o quieres volver a una frase

Bienvenido. Date un momento para llegar. Hay algo que, según pasan los años, se vuelve cada vez más raro. Y, cuando lo tienes, vale más que casi cualquier otra cosa. Los amigos viejos. Los que llevan contigo, en tu vida, mucho tiempo. Que el cuerpo encuentre su sitio. Hombros que bajan. Mandíbula suelta. Inspira por la nariz, despacio. Suelta por la boca, más despacio aún. Otra vez. Solo notando. Aquí. Vamos a hacer una cosa pequeña. Lleva a la mente, ahora, a alguien que conozcas hace muchos años. Diez. Veinte. Treinta. Toda la vida. Alguien que ya estaba en alguno de los capítulos más antiguos de tu historia. No tiene que ser tu mejor amigo. Quizá lo es. Quizá no. Quizá ya no os veis mucho. Pero esa persona te conoce desde hace tanto tiempo, que recuerda cosas de ti que tú casi has olvidado. La cara que tenías a los veinte. La ropa imposible que llevabas a los catorce. Una novia o un novio que tuviste en otra vida. Un sueño que querías cumplir y del que ya casi no te acuerdas. Un trabajo del que escapaste. Una frase tuya, dicha sin importancia, que esa persona aún cita de vez en cuando. Esa persona es una memoria viva de quien tú fuiste. Y casi nadie tiene eso. Casi nadie te ha visto cambiar a lo largo de los años. Casi nadie sabe los detalles. Solo esos pocos amigos viejos. Y, cuando los miras de adulto, te das cuenta de algo. Algunas amistades no nacen de tener cosas en común. Nacen de haber estado. De haberse aguantado las épocas malas. De haberse perdonado los silencios largos. De haber vuelto, una y otra vez, sin pedir explicaciones. Eso, en el mundo de hoy, es casi un milagro. Las amistades nuevas se hacen con rapidez. Una afinidad, un proyecto, unas vacaciones juntos. Las amistades viejas tienen otra textura. Son más como un mueble de la casa. Están ahí. Aunque no las uses todos los días. Aunque, a veces, se llenen de polvo. Cuando las tocas otra vez, siguen siendo las mismas. Si te apetece, intenta pensar cuándo fue la última vez que llamaste sin motivo a alguno de ellos. No por un cumpleaños. No por una buena noticia que querías compartir. Solo por decir hola. Probablemente hace tiempo. La vida adulta es rara. Estamos rodeados de pantallas y, sin embargo, llamamos cada vez menos. Y los amigos viejos, sin enterarnos, se van apagando del paisaje. No por nada grave. Solo por la inercia. Pero esas personas son un tesoro silencioso que tienes. Y un día, sin avisar, uno de ellos no estará. Y entonces te darás cuenta de cuánto sostenían, sin que tú lo notaras. Hoy queremos darles las gracias. Sin tener que llamarles aún. Sin tener que cambiar nada. Solo, en silencio, reconocer. Vuelve un instante a esa persona. Y, sin más, dile dentro: "Gracias por seguir ahí." "Gracias por recordarme cuando yo era otro." "Gracias por no haberme borrado de tu vida, aunque yo, a veces, te haya borrado un poco de la mía." Eso es real. Eso es bueno. Te propongo, para llevar, algo muy pequeño. Esta semana, sin avisar, sin esperar nada, manda un mensaje a uno de esos amigos viejos. Cualquiera. No tiene que ser un mensaje grande. Solo: "Me he acordado de ti. Espero que estés bien." O algo más concreto si te apetece. Un recuerdo común. Una broma vieja. No esperes respuesta inmediata. Hazlo por dar, no por recibir. Y verás que, al hacerlo, algo se enciende dentro. Una cuerda vieja que vibra otra vez. Si te llevas una sola idea hoy, que sea esta: Los amigos viejos son una memoria viva de quien fuiste. Si los pierdes, se pierde con ellos una parte tuya que solo ellos guardaban. Hoy, en silencio, les hemos dado las gracias. Y quizá esta semana, sin grandilocuencia, podamos enviarles una señal de que seguimos aquí. Gracias por estar aquí.

Esto es un capítulo de un recorrido más largo

En Brillemos.org tienes 10 recorridos de 25 capítulos como este — una práctica contemplativa diaria para volver al silencio.

Empieza Gratitud completo

Gratis · Sin tarjeta · En 30 segundos

Otros capítulos del recorrido

Ver todos →
  1. 01

    ¿Qué es agradecer de verdad?

    Distinción gratitud vs optimismo forzado vs deuda. Primera práctica diminuta.

  2. 02

    El reflejo automático de lo que falta

    La mente busca lo ausente. Notar el catálogo interno de quejas.

  3. 03

    Tres cosas al despertar

    Antes de mirar el móvil: tres cosas pequeñas que ya están bien.

  4. 04

    Agradecer al cuerpo que trabaja sin pedirlo

    Corazón, pulmones, órganos invisibles. Reconocer lo que late por ti.

  5. 05

    Agradecer a los sentidos

    Ver, oír, oler, tocar, saborear. Lo que millones darían por tener.