Antes de una prueba médica · Cap 3 / 25

Decir «me da miedo»

Tres palabras que cuestan y que ayudan: «me da miedo». Dichas a tiempo, no son una confesión — son información útil para el equipo que va a atenderte. Hoy las ensayamos en voz baja.

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Prepara tu frase llana de tres partes: qué te cuesta, qué te ayuda y qué conviene que sepan de ti. Por ejemplo: «las agujas me dan miedo; me ayuda que me avisen; alguna vez me he mareado». Dila una vez en voz baja, para que el día de la cita no sea la primera.

Algo diminuto para llevarte al día. Sin prisa, sin obligación.

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Este capítulo va de tres palabras. Tres palabras que cuestan mucho más de lo que ocupan: me da miedo. Pero antes de llegar a ellas, llegamos nosotras. Busca una postura cómoda. Deja los hombros caer. La frente, lisa. Si quieres, un aire suave por la nariz, y fuera despacio. Y si no, los pies en el suelo bastan. Bien. Mucha gente entra en una consulta con el miedo escondido en el bolsillo. Sonríe, contesta, se sienta donde le dicen. Y por dentro va contando los minutos. Lo hacemos por muchas razones. Por no molestar. Por vergüenza de que sea «para tanto». Porque a lo mejor de pequeños alguien nos dijo que había que ser valientes. Y el precio de esconderlo se paga por dentro: además de la prueba, hay que sacar adelante la función de que no pasa nada. Dos trabajos, el mismo día. Con lo cansado que es ya uno solo. Y quiero decirte algo que se aprende tarde: al equipo le sirve saberlo. Para las personas que te atienden, tu miedo no es una molestia ni una rareza. Lo ven a diario. Y cuando lo saben, pueden hacer cosas: explicarte más despacio, avisarte antes, darte un momento. Cuando no lo saben, no pueden. Decir «me da miedo» no es una confesión. Es un dato. Uno de los más útiles que puedes llevar a la cita. Así que hoy vamos a preparar tu frase. Llana, corta, sin justificaciones. Puede sonar así: «Me dan miedo las agujas». O así: «Los sitios estrechos me cuestan mucho». O de otra manera, con lo tuyo, que quizá no se parece a ninguno de estos ejemplos. Piensa un momento cuál sería la tuya. La parte concreta que más te cuesta, dicha en una frase de andar por casa. Ahora vamos a añadirle dos piezas pequeñas, si las tienes. Una: qué te ayuda. «Me ayuda que me expliquen antes lo que van a hacer». «Me ayuda que me avisen». «Me ayuda hablar de otra cosa mientras tanto». Lo que sea verdad para ti. Y otra, esta es importante: si alguna vez te has mareado en una consulta o en un análisis, o te ha pasado algo parecido, eso el equipo tiene que saberlo desde el principio. No es un detalle menor; con esa información te cuidan mejor y toman ellos las medidas que hagan falta. Ya tienes las tres piezas: qué me cuesta, qué me ayuda, qué conviene que sepan. Vamos a ensayarlo una vez, ahora, en voz baja o por dentro. Como si acabaras de sentarte y la persona de enfrente te mirase con calma. Di tu frase. ¿Qué tal ha sonado? Quizá rara. Casi todo suena raro la primera vez que se dice. Para eso ensayamos: para que el día de la cita no sea el estreno. Vamos a decirla una segunda vez, un poco más despacio. Y esta vez fíjate en el cuerpo mientras la dices: qué hacen los hombros, qué hace la garganta. Si se ha encogido algo por dentro, es normal. Pedir cuesta, y más pedir sobre el propio miedo. No hay que arreglar ese encogimiento: basta con que no te pare. Y si llegado el día las palabras no salen, hay un plan B muy digno: llevarla escrita. En la tarjeta que prepararemos en el capítulo cinco, o en una nota del móvil, y enseñarla. Leída o mostrada, la información llega igual de bien. Y si al decirla en la consulta se te quiebra un poco la voz, no se estropea nada. La frase llega igual. No hace falta decirla perfecta. Hace falta decirla, o enseñarla, o como te salga a ti. La frase de hoy: Un miedo dicho a tiempo es información para quien me cuida. El siguiente capítulo es para un lugar concreto: la sala de espera. Puedes escucharlo allí mismo, si quieres, con auriculares, mientras llega tu turno. Gracias por ensayar conmigo. Esa frase tuya, aunque hoy solo la hayas dicho en voz baja, ya existe. Y las frases que existen se dicen más fácil.

Esto es un capítulo de un recorrido más largo

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