Volver al silencio · Cap 5 / 25

Los primeros tres pensamientos que vienen

Cómo te asaltan. Cómo no luchar con ellos.

8 minutos de práctica

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Mañana regálate dos minutos sentado en silencio y ponle nombre a lo que llegue: lista, repaso o juicio. Sin pelear con ello, sin seguirlo. Nombras, y vuelves al aire. Volver veinte veces no es fallar: es la práctica entera.

Algo diminuto para llevarte al día. Sin prisa, sin obligación.

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Me alegra que sigas aquí. Hoy vamos a hablar de algo muy práctico. De los primeros pensamientos que aparecen cuando te sientas en silencio. Y, sobre todo, de qué hacer con ellos. Pero antes, baja el ritmo. Asienta el cuerpo. Deja caer los hombros. Suelta el estómago, que muchas veces lo llevamos apretado sin darnos cuenta. Suelta la zona entre las cejas. Suelta la mandíbula. Aire que entra por la nariz. Aire que sale por la boca. Despacio. Otra vez. Aquí. Hay un malentendido que hace abandonar a casi todo el mundo. Se piensa que meditar es dejar la mente en blanco. Y al sentarse, aparecen mil pensamientos a la vez. Se interpreta como fracaso. Y se abandona. Pero la mente nunca se queda en blanco. No está hecha para eso. Pretender que se quede vacía es como pretender que el corazón deje de latir. Respira. No se trata de no pensar. Se trata de no luchar con los pensamientos. Eso lo cambia todo. Y los primeros pensamientos que aparecen, casi siempre, son los mismos tres. Conviene conocerlos. Porque cuando los reconoces, dejan de asustarte. Cuando sabes lo que viene, ya no te pilla por sorpresa. Respira. El primero es el pensamiento de la lista. Cosas pendientes. Mensajes sin contestar. Una factura. Una llamada. Algo que se te olvidó comprar. Aparece enseguida. Como si la mente quisiera asegurarse de que no estás perdiendo el tiempo. Es muy persistente. A veces vuelve cinco veces seguidas, con cosas distintas. No le hagas caso. No lo combatas tampoco. Solo nota: ah, la lista. Y vuelve, suavemente, al aire que entra y sale. Respira. El segundo es el pensamiento del repaso. Una conversación de ayer. Algo que dijiste y no debiste decir. Algo que te dijeron y todavía duele. Una escena que tu mente reproduce sin que se lo pidas. A veces, conversaciones que nunca ocurrieron y que tu mente está ensayando por si acaso. Tampoco le hagas caso. Solo nota: ah, el repaso. Y vuelve al aire. Respira otra vez. El tercero es más sutil. Es el pensamiento del juicio. Lo estoy haciendo mal. No siento nada. Esto no es para mí. Otros lo harán mejor. Este es el más peligroso. Porque parece sabiduría, y es solo una vieja costumbre de la mente. La costumbre de medirnos siempre. Respira. Y aquí está la clave de toda esta práctica. No tienes que vencer estos pensamientos. No tienes que silenciarlos. Solo tienes que no seguirlos. Los pensamientos aparecen como aparecen los pájaros en una ventana. Pasan. No tienes que correr tras ellos. Tú estás aquí. Ellos van de paso. Respira. Y hay algo todavía más importante. Cuando notes que te has ido detrás de un pensamiento, no te enfades contigo. Eso pasa cien veces por sesión. No es un error. Es la práctica. La práctica, en realidad, no es estar concentrado. La práctica es volver. Cada vez que vuelves, sin reproche, ya has practicado. Respira otra vez. Te propongo una práctica diminuta. Cuando termine esta meditación, siéntate dos minutos. Y cuando aparezca un pensamiento, hazle algo muy sencillo. Ponle nombre. Si es lista, di por dentro: lista. Si es repaso, di: repaso. Si es juicio, di: juicio. Y vuelve al aire. Eso es todo. No te exijas que no vuelvan. Van a volver veinte veces. Cada vez, ponles nombre, y vuelve. Sin enfadarte. Sin desesperarte. Eso ya es la práctica entera. Y, sin que te des cuenta, en algún momento, vas a notar un hueco. Un instante pequeño entre dos pensamientos. Un silencio breve, casi imperceptible. Ese hueco es la puerta. No tienes que abrirla. Solo notarla. Aparecerá más veces si dejas de empujar. Si hoy te llevas una sola idea, que sea esta: No se trata de no pensar. Se trata de no luchar con los pensamientos. Pasan, si los dejas pasar. Y detrás de ellos, queda el silencio profundo que estaba ahí desde el principio. No hay que conseguirlo. Está esperando. Solo tienes que dejar de tapar la puerta. Gracias por estar aquí.

Esto es un capítulo de un recorrido más largo

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