Antes de una prueba médica · Cap 21 / 25

La cita que estoy aplazando

Esa cita que se va posponiendo — «la semana que viene la pido» — y el alivio que da cada aplazamiento. Sin culpas: este capítulo entiende el mecanismo y propone un primer paso tan pequeño que se pueda dar con miedo incluido.

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Si hay una cita que llevas tiempo aplazando, no te pidas hoy el paso entero: elige el mínimo. Buscar el teléfono. Preguntar a alguien cómo lo hizo. Pedir la cita, si te ves. Un paso pequeño con miedo vale más que un plan perfecto para cuando el miedo se vaya.

Algo diminuto para llevarte al día. Sin prisa, sin obligación.

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Quizá hay una cita que no está en ninguna agenda porque no ha llegado a pedirse. Una revisión que tocaba. Un «esto habría que mirarlo» que se dijo hace meses. Un volante que anda por un cajón. Y cada vez que asoma, algo dentro dice: la semana que viene. Y la semana que viene, otra vez lo mismo. Si te suena, quédate. Aquí no se riñe a nadie, y hoy menos que nunca. Llega un momento. El cuerpo a su apoyo, los hombros abajo. Lo primero es entender el mecanismo, porque tiene su lógica y no es pereza. Cada vez que aplazas, hay un alivio. Real, inmediato: el nudo se afloja, el día se despeja. El miedo te da las gracias por no acercarte a lo que teme. El problema es la letra pequeña: el alivio dura poco y la cita sigue sin pedir. Así que el nudo vuelve, se aplaza otra vez, y el circuito se refuerza. No porque seas débil: porque el alivio funciona, a corto plazo, y a todos nos educa lo que funciona. Y hay otra cosa debajo, más honda, que conviene decir en voz alta: muchas veces no se aplaza la cita. Se aplaza lo que la cita podría decir. Mientras no voy, no hay noticia. Es una manera de protegerse, muy humana, muy comprensible. Solo que protege de la información, no de la realidad. Y la información, para casi todo, ayuda más pronto que tarde: abre opciones, da plazos, permite decidir. La niebla no da nada de eso. Dicho esto, una cosa importante, y la digo clara: yo no sé si tu cita es urgente. Este audio no puede saberlo ni decidirlo. Si lo que notas es nuevo, es intenso, va a más o te tiene con dudas, no lo dejes en la lista de los aplazamientos: pide valoración cuanto antes. Y ante una urgencia de verdad, en España, el 112. Eso va por delante de cualquier cosa que yo diga. Para todo lo demás — la revisión que se pospone, el volante del cajón —, la propuesta de hoy es una sola: encoger el paso. Porque «pedir la cita» parece un paso, pero para el miedo es una escalera entera: llamar, explicar, que te den fecha, y de pronto la cosa es real. Normal que la escalera se aplace. Así que no empezamos por la escalera. Empezamos por el primer peldaño, el más pequeño que exista. Puede ser: buscar el teléfono del centro y apuntarlo. Solo eso. Puede ser: sacar el volante del cajón y ponerlo a la vista. Puede ser: contárselo a alguien — llevo meses aplazando esto — para que deje de ser un secreto entre el miedo y tú. Y si te ves con fuerza, puede ser la llamada. Pero no tiene que serlo hoy. Elige ahora tu peldaño. El tuyo, el que puedas dar esta semana con el miedo puesto. Dilo por dentro, concreto: qué vas a hacer y cuándo. Bien. Ese es el trato de hoy, y fíjate que es un trato honesto: no te pido que el miedo se vaya. Va a estar ahí mientras marcas el número, probablemente. Puede estar. No necesito dejar de tener miedo para pedir la cita. Las cosas importantes se hacen así casi todas: con el miedo de copiloto, no esperando a que se baje del coche. Y si el peldaño se te resiste semana tras semana, si la evitación te está costando salud o sueño, ese es justo el momento de no seguir a solas: tu médico de cabecera, o un psicólogo, pueden ayudarte con esto — con el miedo mismo, no solo con la cita —. Pedir esa ayuda no es rendirse: es usar el sistema para lo que está. La frase de hoy: No necesito dejar de tener miedo para pedir la cita. El siguiente capítulo va de elegir bien quién te acompaña ese día. Porque no todas las compañías ayudan igual, y eso también se prepara. Gracias por mirar el cajón que costaba abrir.

Esto es un capítulo de un recorrido más largo

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