Antes de una prueba médica · Cap 10 / 25

Antes de entrar

Práctica pura para el día de la cita, pensada para escucharla fuera: en la calle, en la sala de espera, antes de que te llamen. Pies, datos reales, tarjeta y frase. Al terminar, el audio se guarda y el equipo toma el relevo.

6 minutos de práctica

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6 minutos · audio para escuchar con calma · Busca un sitio tranquilo, si puedes

Para después de escuchar

El día de la cita, resérvate cinco minutos fuera — en la calle, en un banco, en la sala — para este repaso: pies en el suelo, dónde estoy y a qué vengo, mi tarjeta, mi frase para el equipo. Y al entrar, el móvil guardado: dentro mandan ellos.

Algo diminuto para llevarte al día. Sin prisa, sin obligación.

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El texto completo, por si prefieres leer o quieres volver a una frase

Este audio es para el día de la cita. Para escucharlo fuera: en la calle, en un banco cerca del centro, en la sala de espera si aún no te han llamado. En el coche también vale, aparcada y con el motor apagado — nunca conduciendo. Fuera quiere decir eso: antes de entrar. Dentro, durante la prueba o la consulta, el móvil va guardado y quien te acompaña es el equipo. Si te han llamado ya, guárdame y ve; esto puede esperar. ¿Estás en un sitio donde puedas escuchar tranquila unos minutos? Entonces vamos. Esto dura poco, a propósito. Primero, el cuerpo. Estés de pie o sentada, lleva el peso a los pies. Los dos. Nota el suelo debajo: acera, baldosa, lo que sea. Firme. Deja caer los hombros. Afloja las manos, aunque sea un momento. Si el aire quiere entrar un poco más despacio, déjalo. Si no, no lo fuerces: los pies bastan. Ahora, sitúate. Dilo por dentro, con palabras sencillas, como quien se lo cuenta a una amiga: Estoy aquí, en tal sitio. Hoy es tal día. Vengo a esto, a tal hora. Eso es lo real. El resto de escenas que la cabeza haya traído en el camino — los ensayos, los y si — pueden quedarse fuera contigo, pero no hace falta terminarlas. La cita es la de verdad, no la ensayada. Deja también que lleguen los sonidos de donde estás. La calle, los coches, la gente que pasa a lo suyo, o el murmullo de la sala. Es un día normal para casi todo el mundo. Ese mundo normal te rodea, y no se va a ir mientras estés dentro. Ahora, tu tarjeta, si la hiciste. Sácala, o abre la nota del móvil. Léela despacio, línea a línea. Los datos. Las instrucciones del centro, las oficiales, las únicas que valen. Lo que el equipo debe saber de ti. Tu apoyo. Si no hiciste tarjeta, no pasa nada: repasa por dentro las dos cosas importantes. Qué deben saber de ti — tu miedo, el mareo si es tu caso — y qué vas a pedir. Ahora, tu frase. La que vas a decir al principio, la que avisa de lo tuyo. Dila una vez aquí fuera, en voz baja, que el aire se la sepa: las agujas me cuestan. O: esto me da miedo, se lo digo para que lo sepa. O la tuya, la que sea. Bien. Ya está todo. Fíjate qué poco es, y cuánto pesaba cuando estaba desordenado. Un repaso más: tu apoyo. Si alguien entra contigo, o te espera fuera, o quiere un mensaje cuando salgas, tráelo un segundo a la cabeza. Ese hilo sigue atado mientras estés dentro. Y si hoy vienes sola, el hilo eres tú misma, y aguanta más de lo que crees: piensa qué te vas a decir al salir, y qué pequeña cosa buena te espera después. Decídelo ahora. Una última cosa antes de que entres, y quiero decírtela clara. No hace falta que el miedo se haya ido para entrar. Probablemente entre contigo, y no pasa nada: no es un requisito estar tranquila. Llegas con miedo y llegas preparada; las dos cosas caben. Escúchalo otra vez si quieres, dicho como frase para el bolsillo: Llego con miedo y llego preparada; las dos cosas caben. Los pies otra vez, un segundo. El suelo sigue ahí. Va a seguir ahí todo el rato, también dentro. Y ahora, lo importante: cuando este audio acabe, se acaba de verdad. Guarda el móvil, quita los auriculares. De la puerta para dentro, quien te guía es el equipo: sus indicaciones, sus tiempos, sus respuestas a tus preguntas. Este audio no entra contigo, y así es como tiene que ser. Yo me quedo aquí fuera, esperándote. Cuando salgas, si te apetece compañía para el rato de después, la tendrás. Adelante. Con tu tarjeta, con tu frase, con tus pies. Gracias por dejarme acompañarte hasta la puerta.

Esto es un capítulo de un recorrido más largo

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