Atravesar el miedo · Cap 4 / 25

Para qué sirve el miedo (cuando funciona)

El miedo útil vs el miedo enquistado.

7 minutos de práctica

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Para después de escuchar

Mañana, si el miedo asoma en algún momento del día, pregúntate solo esto: me está avisando de algo real, ahora, fuera de mí, o es un fondo viejo que se ha vuelto a encender. Al miedo sano, dale las gracias. Al que se quedó, un poco de compañía. Distinguirlos ya es la mitad del trabajo.

Algo diminuto para llevarte al día. Sin prisa, sin obligación.

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Me alegra que sigas aquí. Llevamos tres días alrededor del miedo. Hoy vamos a hacer una distinción útil. Pero antes, deja que el cuerpo aterrice. Suelta los hombros. Suelta la mandíbula. Aire por la nariz. Salida lenta por la boca. Otra vez. Y otra más. Nota el suelo bajo tus pies, o el peso del cuerpo donde estás apoyado. Bien. Hay personas que se han odiado por tener miedo. Han pasado años intentando eliminarlo, como si fuera una enfermedad. Y se han agotado. Hoy te propongo otra cosa. No eliminar el miedo. Distinguir dos miedos muy distintos que viven dentro de ti. Porque no todo el miedo es igual. Hay un miedo que cuida. Y hay un miedo que paraliza. Y conviene saber cuál estás sintiendo, porque no se tratan igual. Mira esto despacio. El primero, el miedo sano, es el que te avisa. Es agudo, claro, breve. Aparece cuando hay algo real que merece atención. Te frena delante de una calle con coches. Te hace preguntar dos veces antes de firmar algo importante. Te dice "ten cuidado" cuando una persona, una situación, una decisión tienen algo torcido. Ese miedo es un aliado. Es la sabiduría del cuerpo cumpliendo con su trabajo. Cuando aparece, lo escuchas, actúas y se va. Cumple su función y se retira. El otro miedo es distinto. Es el miedo enquistado. No avisa. Habita. No es agudo. Es de fondo. No aparece ante un peligro real. Aparece ante recuerdos, posibilidades, sombras. Está siempre encendido, aunque no haya nada concreto delante. Ese miedo no te protege. Te ata. Te hace pequeño antes de empezar. Te hace decir que no a cosas que querías hacer. Te hace tratarte con dureza para evitar que te traten con dureza los demás. Te hace prepararte para lo peor todo el rato, como si así doliera menos cuando llegara. Ese miedo se instaló dentro hace mucho. Cuando no tenías herramientas para defenderte de algo que pasó, o que se temía, o que se imaginaba. Y se quedó. Y empezó a vivir como inquilino fijo de tu cuerpo. Aquí viene lo importante. El miedo enquistado no se discute. No se vence por argumentos. Si pudieras vencerlo pensando, ya lo habrías hecho. Lo has intentado mil veces. Y has visto que no funciona. El miedo enquistado se desactiva por otra vía. No por la mente. Por el cuerpo. Porque vive en el cuerpo. Está en los músculos del cuello, en la respiración corta, en el estómago cerrado. Vive ahí. Y desde ahí tiene que ser acompañado. Esto explica algo que tal vez te haya pasado. Has leído libros. Has hecho terapia. Has entendido tu historia entera. Has descubierto de dónde viene tu miedo, qué lo originó, por qué tiene sentido. Y, sin embargo, el miedo sigue ahí. No tan ruidoso, pero ahí. No es porque no hayas entendido lo suficiente. Es porque comprender es solo la mitad del trabajo. La otra mitad ocurre en el cuerpo. Y al cuerpo hay que darle tiempo, repetición y compañía. Con prisa no se desactiva nada. No vamos a entrar hoy en cómo. Mañana empezamos esa práctica. Hoy solo quiero que mires los dos miedos y los distingas. Porque al distinguir, ya empiezas a cambiar la relación con ellos. Al miedo sano se le da las gracias. Al miedo enquistado se le da compañía. Son tareas muy distintas. Mucha gente trata al miedo sano como si fuera enquistado, y no le hace caso, y se mete en problemas. Y trata al miedo enquistado como si fuera sano, e intenta huir corriendo de lo que le señala, y solo lo hace más fuerte. Saber cuál es cuál es ya la mitad del trabajo. Te propongo una práctica diminuta. Hoy, durante el día, cuando sientas miedo, hazte solo esta pregunta. ¿Este miedo me está avisando de algo real, ahora mismo, fuera de mí? ¿O es un fondo viejo que se ha vuelto a encender sin causa? No te pidas certezas. Solo nota lo que el cuerpo te dice antes que la mente. Si te llevas una sola idea hoy, que sea esta: No todo el miedo es igual. Hay un miedo que cuida y hay un miedo que se quedó. Al primero, gracias. Al segundo, compañía. Gracias por estar aquí.

Esto es un capítulo de un recorrido más largo

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