Atravesar el miedo · Cap 3 / 25

El miedo bajo el miedo

El miedo a perder, debajo de muchos otros miedos.

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10 minutos · meditación contemplativa · Busca un sitio tranquilo, si puedes

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Qué bien que estés aquí otra vez. Hoy entramos en una zona más honda. No hace falta que te prepares de un modo especial. Solo deja que el cuerpo se acomode. Hombros sueltos. Mandíbula suelta. Aire por la nariz. Salida lenta por la boca. Otra vez. Y otra. Si notas que algo dentro se tensa al oír mi voz hoy, déjalo estar. A veces el cuerpo sabe antes que la mente cuándo se acerca una verdad. Hoy vamos a mirar algo que cuesta mirar. El miedo bajo el miedo. Casi todos los miedos cotidianos que sientes, no son lo que parecen. Parecen miedo a una cosa, y son miedo a otra. Más antigua. Más callada. Más tuya. Mira esto despacio. Cuando tienes miedo a hablar en público, ¿de verdad tienes miedo al público? ¿O tienes miedo a quedar mal, a no ser suficiente, a que te miren y descubran algo? Cuando tienes miedo a una conversación difícil, ¿es la conversación lo que duele? ¿O es la posibilidad de que el otro se aleje, de perderle, de quedarte solo? Cuando tienes miedo al rechazo, ¿es solo el "no"? ¿O es la confirmación de algo viejo, de algo que ya creíste una vez, hace muchos años, sobre ti? Casi todos los miedos cotidianos son disfraces. Disfraces de un puñado pequeño de miedos antiguos, que casi siempre son los mismos. Miedo a no ser querido. Miedo a no ser visto. Miedo a no ser suficiente. Miedo a perder a alguien. Miedo a quedarse solo. Si pudieras escuchar, debajo del ruido, lo que el miedo te dice, casi siempre te diría una de estas frases. Y al oírla, te darías cuenta de que esa frase no es de hoy. Es de mucho antes. Esa frase la aprendiste de niño. Cuando algo en tu mundo, por pequeño que fuese, te hizo pensar que para ser querido tenías que ser de cierta manera. Que para ser visto tenías que destacar. Que para no quedarte solo tenías que no incomodar. Esos aprendizajes no son tu culpa. Son la huella que dejan los vínculos cuando aún eras muy pequeño para defenderte. Y se quedan dentro. Y de mayor, cualquier situación que se parezca un poco a aquella aprieta el mismo botón. Por eso muchos miedos adultos son desproporcionados. Porque no son del adulto. Son del niño que sigue dentro, viviendo otra vez la escena vieja. Y nadie le ha dicho que ya pasó. Que ya eres grande. Que ya hay alguien dentro de ti capaz de cuidarle. Mientras nadie le diga eso, seguirá reaccionando como entonces. Con la misma intensidad. Con el mismo cuerpo pequeño. Aunque por fuera tengas cuarenta años, una casa, una vida hecha. Por dentro, sigue habiendo alguien que tiembla. Y ese alguien necesita ser visto, no corregido. Y aquí está la revelación importante. Cuando aprendes a oír el miedo viejo debajo del miedo nuevo, dejas de pelear con la situación de hoy. Y empiezas a cuidar al que sintió aquello la primera vez. Eso lo cambia todo. Porque la situación de hoy, casi siempre, no se puede evitar. Hay que hacer la llamada. Hay que dar la noticia. Hay que entrar a la sala. Pero el niño que se asusta dentro de ti, ese sí puede ser acompañado. Y cuando va acompañado, el miedo de hoy ya no asusta tanto. Porque deja de ser una catástrofe. Pasa a ser un eco. Un eco que se puede atender sin huir. Te propongo una práctica diminuta. La próxima vez que sientas un miedo cotidiano, hazte solo una pregunta. ¿De qué tengo miedo, debajo de este miedo? No te pidas una respuesta rápida. A veces no viene de inmediato. A veces viene horas después, o al día siguiente, mientras haces otra cosa. Cuando llegue, no la juzgues. Sea cual sea, esa respuesta lleva mucho tiempo esperando ser oída. Si te llevas una sola idea hoy, que sea esta: Casi nunca tienes miedo de lo que crees. Detrás de la mayoría de tus miedos vive uno más antiguo: el miedo a no ser querido, a no ser visto, a no ser suficiente, a perder. Cuando lo nombras, deja de mandar a oscuras. Y tú puedes, por fin, cuidarlo. Gracias por estar aquí.

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  1. 01

    El miedo no es debilidad

    Reframe inicial. El miedo es información, no defecto.

  2. 02

    La diferencia entre miedo y ansiedad

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