El sentido que sostiene · Cap 21 / 25

Lo que harías si supieras que te queda poco

La pregunta clarificadora. Sin morbo.

8 minutos de práctica

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Para después de escuchar

Mañana al despertar, antes de que arranque el día, hazte una sola vez la pregunta: si supiera que me queda poco, qué cambiaría hoy. Sin miedo, sin drama. Deja que viva contigo durante el día y escucha qué aparece. Casi siempre pide algo pequeño y a tu alcance.

Algo diminuto para llevarte al día. Sin prisa, sin obligación.

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Bienvenido. Estás aquí, otra vez, y eso ya es mucho. Antes de empezar, deja que el día se quede al otro lado. Lo que tenías que hacer hoy, déjalo. Lo que no hiciste, también. Busca una postura cómoda, donde el cuerpo pueda aflojarse del todo. Deja caer el peso. El de la cabeza, el de los hombros, el de las manos. Toma aire por la nariz, despacio. Y suéltalo por la boca, más despacio todavía. Otra vez. Y otra más. Sin contar. Solo notando. Hoy queremos detenernos en una pregunta. Una pregunta que parece dura, pero que no lo es si se hace con cariño. Una pregunta que ordena por dentro como pocas cosas. Es esta. Si supieras que te queda poco tiempo, ¿qué harías distinto? No te asustes de la pregunta. No la hacemos para meterte miedo. La hacemos porque, bien planteada, es de las herramientas más limpias que existen para saber lo que de verdad te importa. Imagínate, solo por un momento, que te dicen que te quedan seis meses. No quince días. No un año entero. Seis meses. ¿Qué cambiarías mañana por la mañana? ¿A quién llamarías? ¿Qué cosa que llevas posponiendo años, harías por fin? ¿Qué relación intentarías reparar, aunque te costara? ¿De qué dejarías de quejarte? ¿Qué dejarías de hacer, sin más, porque te has dado cuenta de que nunca te importó tanto como creías? No respondas con la cabeza. Lo primero que aparezca, eso es lo valioso. Casi siempre, lo que aparece no es nuevo. Es algo que ya intuías y que no estabas escuchando. Por eso esta pregunta funciona. No te enseña nada que no supieras. Solo aparta el ruido. Aparta el "ya lo haré", el "cuando tenga tiempo", el "más adelante". Y deja, debajo, lo que de verdad llevas dentro. A veces lo que aparece es una persona. Alguien con quien hay algo pendiente. Una conversación. Un perdón. Un abrazo. A veces lo que aparece es un cambio de vida. Soltar algo que te está apagando. Empezar algo que llevas años queriendo empezar. A veces lo que aparece es una manera distinta de estar en lo mismo. Ya no cambiar de trabajo, pero sí cambiar cómo lo habitas. Ya no cambiar de pareja, pero sí cambiar cómo la miras. Y, a veces, lo más sorprendente. A veces no aparece nada que cambiar. A veces te das cuenta de que, si tuvieras seis meses, los pasarías haciendo casi lo mismo que haces ahora, solo que más despierto. Y eso también es información valiosa. Quiere decir que la vida que llevas ya está, en lo esencial, alineada. Que el problema no es lo que haces, sino la prisa con la que lo haces. La pregunta de los seis meses no es para vivir asustado. Es para darse cuenta de que ya estamos en esa situación, solo que con un plazo que no conocemos. Nadie te dijo cuánto tiempo te queda. A nadie se lo dicen. La diferencia entre alguien con un diagnóstico y alguien sin él no es el final. Es el saberlo. Por eso esta pregunta, hecha de vez en cuando, sin morbo y sin drama, es una de las prácticas más limpias que existen. Te devuelve la proporción de las cosas. Lo grande vuelve a parecer grande. Lo pequeño vuelve a su sitio. Y lo que no era importante deja de ocupar el espacio del corazón. Vamos a hacer una práctica diminuta. No te pido que respondas a la pregunta entera ahora. Solo te pido una cosa. Quédate, en silencio, durante unas respiraciones, con esta pregunta dentro. Si supieras que te queda poco, ¿qué cambiarías mañana? No la fuerces. Solo deja que la pregunta esté. Mira qué aparece. A lo mejor aparece una cara. A lo mejor aparece un nombre. A lo mejor aparece un paisaje, un proyecto, un gesto. A lo mejor no aparece nada todavía, y aparecerá en los próximos días. Sea lo que sea, no lo juzgues. Solo tómalo en cuenta. Eso que ha aparecido es información. Información que llevabas dentro y no estabas mirando. Si hoy te llevas solo una idea, que sea esta. La pregunta por el tiempo limitado no es una pregunta sobre la muerte. Es una pregunta sobre la vida. Es una manera limpia de saber qué te importa de verdad. Hazla de vez en cuando, sin miedo. Y, sobre todo, escucha lo que aparece. Casi siempre apunta a lo que ya sabías. Y casi nunca pide cosas imposibles. Pide cosas pequeñas, hechas con todo el cuerpo presente. Una llamada. Una visita. Un perdón. Un cambio de rumbo modesto. Y eso, casi siempre, está a tu alcance. Mañana, si recuerdas, hazte la pregunta otra vez al despertar. Solo deja que viva contigo durante el día. Verás cómo poco a poco ordena lo de dentro. Gracias por estar aquí.

Esto es un capítulo de un recorrido más largo

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