La paz de fondo · Cap 9 / 25

La paz con tus contradicciones

Querer compañía y soledad, ser fuerte y frágil. No eres incoherente: eres grande, y en lo grande caben opuestos.

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6 minutos · meditación contemplativa · Busca un sitio tranquilo, si puedes

La semilla de hoy

Mañana, cuando te pilles queriendo dos cosas opuestas — salir y quedarte, cuidar y descansar —, no elijas bando enseguida. Diles por dentro: os veo a los dos, los dos sois míos. Y nota cómo descansa la casa entera cuando nadie tiene que ganar, y todos tienen silla en la mesa.

Algo diminuto para llevarte al día. Sin prisa, sin obligación.

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Bienvenido. Hoy vamos a hacer las paces con algo que llevas dentro y que quizás nunca has perdonado. Tus contradicciones. Llega primero. Suelta el cuerpo. Los hombros abajo, la mandíbula floja. Aire por la nariz, hondo. Fuera por la boca, despacio. Otra vez. Bien. Dime si te suena algo de esto. Quieres estar con gente, y a la vez necesitas que te dejen en paz. Eres generoso, y a veces te sorprendes calculando. Crees en la calma, y pierdes los nervios con los tuyos. Quieres cambiar el mundo, y hay tardes en que no puedes ni con la cesta de la ropa. Amas a alguien, y a ratos no lo soportas. Si te suena, enhorabuena: estás vivo. Pero casi nadie se da la enhorabuena por esto. Lo que hacemos es declararnos la guerra. "Soy un fraude. Si creo esto, ¿cómo hago aquello? Tengo que ser de una pieza." Ser de una pieza. Fíjate qué expresión. Solo son de una pieza las estatuas. Todo lo que está vivo tiene partes, y las partes no siempre están de acuerdo. Te propongo otra imagen para ti. No eres una línea recta. Eres una casa. Y en esa casa viven muchos. Vive el que trabaja y el que quiere tirarse al sofá. Vive la que cuida a todos y la que está cansada de cuidar. Vive el valiente y el miedoso, el sabio y el torpe, el de fe y el de dudas. Ninguno es un impostor. Todos pagan alquiler. Todos son tú. La guerra empieza cuando uno de ellos quiere echar a los demás. Cuando el exigente quiere desahuciar al cansado. Cuando el bueno no soporta ver al egoísta. Y la paz — la paz contigo — no es que se pongan todos de acuerdo. Es que haya alguien presidiendo la mesa. Ese alguien es el que baja al fondo. El que observa las olas sin ser ola. Desde el fondo se ve claro: las contradicciones no son grietas. Son amplitud. Solo se contradice el que contiene mucho. Vamos a practicarlo. Elige dos opuestos tuyos. Los primeros que vengan. El que quiere y el que duda. La fuerte y la frágil. El que cree y el que teme. Ponlos delante, uno a cada lado, como en una mesa. Y ahora, en vez de elegir un bando — que es lo de siempre —, prueba esto. Diles, por dentro: os veo a los dos. Los dos sois míos. Respira. ¿Notas eso? Cuando nadie tiene que ganar, la casa entera descansa. Y hay algo más, muy práctico. La gente que ha firmado la paz con sus contradicciones se vuelve más honesta y más cálida. Puede decir "quiero y no quiero", "creo y dudo", sin romperse. Y entiende mejor a los demás, porque deja de exigirles a ellos la coherencia que ya no se exige a sí misma. De la paz contigo sale, siempre, paz para otros. Quédate un momento en silencio, presidiendo tu mesa. Todos sentados. Ninguno expulsado. La frase de hoy: No eres incoherente. Eres grande, y en lo grande caben opuestos. Mañana, la última paz de puertas adentro: la paz con lo que no lograste. Gracias por estar aquí.

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