La paz de fondo · Cap 6 / 25

Firmar la paz con tu historia

Dejar de estar en guerra con un pasado que no va a cambiar. El armisticio no aprueba lo vivido: lo deja descansar.

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La semilla de hoy

Mañana, si vuelve esa escena antigua que sueles repasar, no la reescribas otra vez. Mírala un momento, como quien mira una fotografía, y di por dentro, despacio: fue así, no fue de otra manera, desde aquí vivo. Cada vez que lo digas, un soldado vuelve a casa.

Algo diminuto para llevarte al día. Sin prisa, sin obligación.

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Bienvenido. Hoy empieza la segunda parte del recorrido. Las paces contigo. Porque antes de estar en paz con el mundo, hay que firmar unas cuantas paces de puertas adentro. Y la primera es con tu historia. Llega primero. El cuerpo suelto. Los hombros abajo. Aire por la nariz, despacio. Y fuera por la boca, largo. Otra vez. Baja un poco. Hacia lo quieto. Bien. Todos llevamos una guerra antigua. La guerra contra lo que pasó. Contra aquella decisión que tomamos, o que no tomamos. Contra lo que alguien nos hizo. Contra lo que no nos dieron. Contra los años perdidos, el amor equivocado, la oportunidad que dejamos ir. Y esa guerra tiene algo particular: se libra todos los días contra un enemigo que ya no existe. Porque el pasado ya no está. No puede defenderse, pero tampoco puede rendirse. No va a cambiar ni un milímetro por mucho que lo asedies. Es la única guerra que se pierde cada día, para siempre. Y aun así seguimos en ella. Repasando la escena. Reescribiendo el diálogo. Condenando al que fuimos. ¿Cuánta energía se te va ahí, cada semana? Hoy te propongo otra cosa. No ganar la guerra. Firmarle la paz. Y quiero ser muy preciso con lo que eso significa, porque hay malentendidos peligrosos. Firmar la paz con tu historia no es decir que estuvo bien. Hay cosas de tu historia que no estuvieron bien. Quizás algunas muy graves. No se te pide aprobarlas. Nunca. Firmar la paz es otra cosa: es dejar de exigirle al pasado que sea otro. Es aceptar que fue así — no que estuvo bien, sino que fue así — y traer los soldados a casa. Los armisticios de verdad se firman igual: nadie aprueba lo que hizo el otro bando. Solo deciden, los dos, dejar de sangrar. Y hay algo más, que casi nadie mira. De esa historia con la que peleas saliste tú. Este que escucha ahora, con esta sensibilidad, con esta manera de entender a otros que sufren. No todo lo que te formó te gustó. Pero todo te formó. Vamos a hacerlo, si quieres. Despacio. Trae a la mente un trozo de tu historia con el que sigas en guerra. No elijas hoy el más grande. Elige uno mediano, para aprender el gesto. Míralo un momento, desde el fondo quieto, como quien mira una fotografía antigua. Y ahora, por dentro, di estas tres frases. Despacio. Una a una. Fue así. No fue de otra manera. Desde aquí vivo. Respira. Quizás notes resistencia. Es normal: la guerra es vieja y tiene costumbre. No pasa nada. El armisticio se puede firmar muchas veces, hasta que el pulso se lo crea. Fue así. No fue de otra manera. Desde aquí vivo. Quédate un momento en silencio, con los soldados volviendo a casa. Nota, aunque sea pequeño, el descanso. Esa energía que se libera cuando un frente se cierra. Esa energía es tuya. Estaba secuestrada en el pasado. A partir de hoy puede trabajar para tu presente. La frase de hoy: Con el pasado no se negocia. Se firma la paz. Mañana, las paces con el cuerpo. Gracias por estar aquí.

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