Yo lo llevo todo · Cap 3 / 25

La notificación de las once menos cuarto

Un mensaje del grupo del colegio a última hora, y dentro de ti se abre la cadena entera mientras la noche de los demás sigue. Hoy: separar el aviso del salto — recibir un mensaje no te convierte en su encargada.

4 minutos de práctica

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Para después de escuchar

Cuando llegue hoy un aviso — el grupo, un recado, un 'oye, que el viernes...' —, prueba esto antes de saltar: móvil boca abajo un minuto, mano en la pierna, y por dentro: 'recibir un mensaje no me convierte en su encargada'. Luego, si de verdad te toca, lo atiendes. La práctica es separar el aviso del salto.

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Estoy a punto de corregirle

Lo estoy haciendo todo yo otra vez

Me he adelantado otra vez

Es medianoche y mi cabeza sigue de turno

Epílogo

Para volver un tiempo después de terminar el recorrido y mirar cómo va.

Epílogo: ¿cómo va el equipo?

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Bienvenida. Hoy, una escena de la vida real. Pequeña, nocturna, y muy tuya quizá. Llega primero. Acomódate. Afloja las manos — hoy son protagonistas. Inspira lento por la nariz. Y suelta el aire por la boca, despacio. Bien. Son las once menos cuarto. El día por fin se ha acabado. Estás en el sofá, o ya en la cama. Y suena el móvil. El grupo del colegio: que el viernes hay que llevar algo. O un mensaje de la familia: que a ver qué se hace con la comida del domingo. Para el resto de la casa, ese sonido no ha pasado. Su noche sigue. Para ti, se acaba de abrir una cadena entera: qué hay que llevar, dónde se compra, cuándo me da tiempo, a quién aviso. La noche sigue por fuera — por dentro, la centralita acaba de abrir turno. ¿Te suena? A muchísimas nos suena. Y aquí está la idea de hoy, pequeña y liberadora: El aviso y el salto son dos cosas distintas. El aviso llega — eso no lo eliges. Pero el salto — abrir la cadena, ponerte a resolver a las once de la noche, quedarte de guardia — ese tiene un hueco de elección. Diminuto, pero tuyo. Y en ese hueco vamos a entrenar. Ahora mismo, en pequeño. Imagina la escena: la hora, el sofá, el sonido del mensaje. Deja que el cuerpo haga lo de siempre — ese impulso de mirar, resolver, contestar ya... Y ahora, el gesto nuevo. Tres pasos, medio minuto: El móvil, boca abajo. Aún no — un minuto no cambia ningún viernes. Una mano en la pierna, notando el peso. Tu noche sigue siendo tuya. Y por dentro, la frase de hoy: Recibir un mensaje no me convierte en su encargada. Fíjate en lo que hace esa frase. No dice "no lo haré" — quizá sí te toca, y mañana se verá. Dice algo anterior: puedo enterarme de algo sin ponerme en marcha. Puedo saber que existe... y elegir cuándo, y elegir si. Ese hueco entre el aviso y el salto es, en miniatura, todo el camino de este recorrido. Vamos a ensancharlo semana a semana. Y esta noche, cuando la cabeza quiera repasar la lista en la almohada, recuerda: que exista mañana no obliga a resolverlo esta noche. La centralita también cierra. Vuelve a la respiración. Inspira lento. Suelta despacio. La frase de hoy: Que te llegue el aviso no significa que te toque el encargo. La centralita puede recibir... sin ponerse en marcha. Mañana: el descanso con antena. Gracias por estar aquí.

Esto es un capítulo de un recorrido más largo

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