Relación abierta: qué es, cómo funciona y si es para ti
Qué es una relación abierta, cómo se negocia, qué dice la investigación y cómo saber si este modelo relacional encaja con tu forma de amar.
La sexualidad en las relaciones de larga duración es uno de los territorios más complejos, menos hablados y peor comprendidos de la vida en pareja. La queja más frecuente que reciben los terapeutas de pareja no es sobre infidelidad ni sobre dinero, sino sobre la disminución del deseo sexual: «Ya no me desea», «Hacemos el amor por inercia», «Llevamos meses sin tocarnos». Según estudios publicados en Archives of Sexual Behavior, entre el 15 % y el 20 % de las parejas estables mantienen relaciones sexuales menos de diez veces al año — lo que los investigadores denominan «matrimonio sin sexo». Sin embargo, la ciencia contemporánea — representada por voces como Esther Perel, Sue Johnson, John Gottman y Emily Nagoski — ha demostrado que la pérdida del deseo no es inevitable ni irreversible, sino que responde a dinámicas emocionales, relacionales y culturales que pueden comprenderse y transformarse.
| Factor | Qué dice Esther Perel | Qué dice Sue Johnson |
|---|---|---|
| Causa de la pérdida de deseo | Exceso de familiaridad y falta de misterio | Inseguridad en el vínculo de apego |
| Lo que el deseo necesita | Distancia, curiosidad, sorpresa | Seguridad, vulnerabilidad, presencia |
| La paradoja central | «El deseo necesita espacio; el amor necesita cercanía» | «Solo desde la seguridad podemos ser verdaderamente libres sexualmente» |
| Solución propuesta | Cultivar la alteridad: ver al otro como un ser separado | Fortalecer el vínculo emocional: la conexión enciende el deseo |
| Libro de referencia | Inteligencia erótica (Mating in Captivity) | Abrázame fuerte (Hold Me Tight) |
Esther Perel planteó esta pregunta con una claridad que transformó el campo: «¿Cómo desear lo que ya tienes?». En su libro Inteligencia erótica (Mating in Captivity, 2006), Perel argumenta que el deseo y la domesticidad son fuerzas en tensión. El deseo erótico se alimenta de misterio, de novedad, de una cierta distancia que permite la idealización. La vida doméstica se alimenta de previsibilidad, de seguridad, de fusión. Cuando la pareja se funde completamente — comparten todo, se conocen todo, han eliminado todo misterio —, el deseo pierde su combustible.
Sue Johnson ofrece una perspectiva complementaria y parcialmente opuesta: para ella, la pérdida de deseo no se debe al exceso de cercanía, sino a su ausencia real. «Muchas parejas que dicen estar demasiado cerca están, en realidad, emocionalmente desconectadas. Comparten casa, rutinas y logística, pero no comparten vulnerabilidad». Cuando el vínculo de apego es inseguro — cuando no sabes si tu pareja está realmente ahí para ti —, el cuerpo se protege. Y la protección emocional es enemiga de la apertura sexual.
John Gottman, basándose en datos fisiológicos, añade una variable: el nivel de conflicto no resuelto. Las parejas con resentimiento acumulado producen cortisol (hormona del estrés) en presencia del otro, lo que inhibe la respuesta sexual. «No puedes desear a alguien a quien percibes como amenaza.»
Ambas tienen razón, porque abordan lados diferentes de la misma paradoja. La sexualidad satisfactoria en una relación larga requiere tanto seguridad como misterio.
La seguridad — el apego seguro de Johnson — crea el espacio para la vulnerabilidad. Sin seguridad, no puedes mostrarte desnudo/a (literal y metafóricamente) sin miedo. No puedes expresar deseos, fantasías o necesidades que podrían ser rechazadas.
El misterio — la alteridad de Perel — crea el espacio para el deseo. Sin misterio, el otro se convierte en una extensión de ti mismo, tan predecible como tu propio reflejo. Y no se desea lo que ya se tiene.
La síntesis, según terapeuta e investigadora mexicana Silvia Olmedo y otros integradores, es que la seguridad del apego permite la toma de riesgos eróticos. Solo cuando te sientes verdaderamente seguro/a puedes permitirte explorar, jugar, probar — introducir el misterio desde la base de la confianza.
Johnson ha investigado extensamente la conexión entre apego y sexualidad. Sus hallazgos son reveladores:
Gary Chapman añade que los malentendidos sobre el sexo a menudo son malentendidos sobre lenguajes del amor: para algunas personas, el sexo es la forma primaria de sentirse amadas (contacto físico); para otras, el sexo es consecuencia de sentirse amadas a través de palabras de afirmación o tiempo de calidad. Cuando la pareja no entiende esta distinción, el sexo se convierte en un campo de batalla.
La mayoría de las parejas no hablan de sexo. Según datos del Kinsey Institute, menos del 30 % de las parejas mantienen conversaciones explícitas sobre su vida sexual. El silencio no se debe a falta de interés, sino a vergüenza, miedo al rechazo y ausencia de un lenguaje compartido.
Hendrix, desde la Terapia Imago, propone usar el formato del diálogo Imago para abordar la sexualidad: espejear, validar, empatizar. «Cuando quiero hacer el amor y me rechazas, me siento...» → espejeo → validación → empatía. Este formato elimina la carga de juicio y permite explorar el tema como dos aliados, no como dos adversarios.
Gottman recomienda lo que llama «la conversación sobre los sueños»: explorar no solo qué quiere cada uno sexualmente, sino qué significa el sexo para cada uno. Para algunos, el sexo es validación; para otros, es juego; para otros, es conexión espiritual. Cuando entiendes el significado que tu pareja atribuye al sexo, cambias la conversación.
¿Es normal que el deseo disminuya en relaciones largas? Sí, es estadísticamente normal. La novedad bioquímica del enamoramiento (dopamina, noradrenalina) disminuye entre los 12 y los 24 meses. Pero normal no significa inevitable ni irreversible. Las parejas que trabajan activamente en la conexión emocional y erótica mantienen una vida sexual satisfactoria durante décadas.
¿El deseo bajo siempre indica un problema de pareja? No. Emily Nagoski, autora de Come as You Are, señala que el deseo tiene un componente biológico (hormonas, estrés, fatiga, medicación) que es independiente de la relación. Antes de buscar causas relacionales, descarta causas médicas.
¿Perel y Johnson se contradicen? No, se complementan. Perel trabaja sobre la dimensión erótica del deseo (misterio, curiosidad, juego); Johnson trabaja sobre su dimensión vincular (seguridad, apego, vulnerabilidad). Una vida sexual plena necesita ambas.
¿Puedo mejorar mi vida sexual sin hablar de ello con mi pareja? Parcialmente. Puedes trabajar en tu autoconocimiento sexual y en la conexión emocional general. Pero la comunicación explícita sobre deseos, necesidades y límites es lo que marca la diferencia a largo plazo. Brillemos.org ofrece un espacio seguro donde explorar estos temas con acompañamiento de IA antes de llevarlos a la conversación con tu pareja.
¿Los niños pequeños son el fin de la vida sexual? No, pero sí un desafío importante. Gottman señala que el 67 % de las parejas experimentan una caída significativa en la satisfacción relacional y sexual tras el primer hijo. La clave es priorizar la relación de pareja dentro de la nueva realidad: buscar momentos de conexión, pedir ayuda, no esperar a que «los niños crezcan» para reconectarse.
Empieza gratis en 2 minutos. Sin tarjeta, sin compromiso. Solo tú, las personas que te importan y una IA que os ayuda a entenderos.
Empieza gratis ahora
Qué es una relación abierta, cómo se negocia, qué dice la investigación y cómo saber si este modelo relacional encaja con tu forma de amar.
Todo lo que necesitas saber sobre terapia de pareja: cuándo pedirla, qué esperar, técnicas respaldadas por la ciencia y cómo la inteligencia artificial puede ayudaros a comunicaros mejor.
Tu pareja no quiere casarse y no sabes qué pensar. Analizamos qué hay detrás de esa negativa desde la teoría del apego, la psicología y el contexto legal español.