Relación abierta: qué es, cómo funciona y si es para ti
Qué es una relación abierta, cómo se negocia, qué dice la investigación y cómo saber si este modelo relacional encaja con tu forma de amar.
La monotonía sexual en la pareja es la percepción de que la vida erótica se ha vuelto predecible, rutinaria y carente de la excitación que caracterizó las primeras etapas de la relación. Afecta a una proporción significativa de parejas estables: según un estudio del Archives of Sexual Behavior (Mark, 2012), el 34 % de las mujeres y el 15 % de los hombres en relaciones de más de tres años reportan una disminución notable del deseo sexual. La terapeuta belga Esther Perel, en su obra Mating in Captivity (2006), formuló la paradoja central: «El amor busca cercanía, pero el deseo necesita distancia. La seguridad que alimenta la relación puede ser la misma que asfixia el erotismo».
| Factor | Impacto en el deseo | Frecuencia en parejas estables |
|---|---|---|
| Rutinización del acto sexual | Alto | 72 % |
| Estrés laboral crónico | Alto | 68 % |
| Falta de novedad (mismo guion) | Muy alto | 65 % |
| Problemas de comunicación sexual | Alto | 58 % |
| Llegada de hijos | Muy alto | 74 % (primer año) |
| Imagen corporal negativa | Moderado | 41 % |
| Uso excesivo de pornografía | Variable | 29 % |
Fuente: Datos adaptados de Mark (2012) y Muise et al. (2016), Journal of Personality and Social Psychology.
La neurociencia ofrece una explicación: durante el enamoramiento, el cerebro produce altos niveles de dopamina, norepinefrina y feniletilamina, neurotransmisores asociados a la novedad y la recompensa. Con el tiempo, estos niveles descienden y son sustituidos por oxitocina y vasopresina —las hormonas del apego y la estabilidad—. Este cambio bioquímico es adaptativo (nos permite construir una vida juntos), pero reduce la intensidad erótica.
Esther Perel va más allá de la neurociencia: «No es que dejemos de desear a nuestra pareja; es que dejamos de verla. La familiaridad borra el misterio, y sin misterio no hay deseo». Para Perel, el erotismo requiere una cierta distancia psicológica: ver al otro como un ser separado, con su propia vida interior, no como una extensión de uno mismo.
Sí, y la investigación lo confirma. Un estudio longitudinal de Amy Muise (Universidad de Toronto, 2016) publicado en Social Psychological and Personality Science encontró que la frecuencia sexual media disminuye con la duración de la relación, pero —dato clave— la satisfacción sexual no está directamente ligada a la frecuencia. Parejas que mantienen relaciones una vez por semana reportan niveles de satisfacción similares a las que lo hacen tres o cuatro veces. Más allá de una vez por semana, el aumento de frecuencia no añade bienestar significativo.
Lo que sí predice la insatisfacción es la discrepancia de deseo: cuando uno quiere más y el otro menos. El problema no es cuántas veces, sino que ambos estén de acuerdo.
Perel no ofrece «trucos de dormitorio»; ofrece un cambio de perspectiva:
Si la falta de deseo se acompaña de evitación emocional, resentimiento acumulado, desprecio o desconexión afectiva, el problema no es sexual sino relacional. Gottman identifica los «cuatro jinetes del apocalipsis» (crítica, desprecio, actitud defensiva y obstruccionismo) como destructores tanto de la conexión emocional como de la sexual.
En estos casos, trabajar la comunicación de pareja —con un profesional o con herramientas como Brillemos.org— es un paso previo imprescindible. El deseo sexual difícilmente florece donde hay resentimiento.
¿Es normal no tener ganas de sexo con mi pareja después de muchos años? Es frecuente, pero «normal» no significa «inevitable». La disminución del deseo es bioquímicamente esperable, pero muchas parejas de largo recorrido mantienen una vida sexual satisfactoria. La clave es la intencionalidad: el deseo en relaciones largas se cultiva, no surge espontáneamente.
¿La pornografía contribuye a la monotonía sexual? Puede hacerlo si crea expectativas irreales o si sustituye al contacto con la pareja. Un estudio de Wright et al. (2017) encontró que el consumo frecuente de pornografía se asocia con menor satisfacción sexual en pareja, especialmente cuando se consume en solitario y sin comunicación.
¿Probar cosas nuevas en la cama siempre funciona? Solo si ambos quieren. La novedad impuesta genera rechazo. Lo eficaz es explorar juntos desde la curiosidad compartida, no desde la presión de «salvar» la relación.
¿La falta de deseo puede deberse a causas médicas? Sí. Alteraciones hormonales (menopausia, hipotiroidismo, déficit de testosterona), medicación (antidepresivos, anticonceptivos hormonales) y enfermedades crónicas pueden reducir la libido. Si la caída del deseo es abrupta, consultar a un médico es el primer paso.
¿Es mejor hablar de sexo durante o fuera del dormitorio? Fuera. Las conversaciones sobre sexo son más productivas cuando no hay presión inmediata. Un café, un paseo o una sesión en una plataforma mediada permiten más honestidad que una conversación en el momento de la intimidad.
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