Bienestar emocional

Maternidad real vs maternidad idealizada: por qué duele la brecha

Equipo Brillemos · · 8 min de lectura
Maternidad real vs maternidad idealizada: por qué duele la brecha

La maternidad idealizada es la imagen culturalmente construida de una madre que disfruta de cada instante con su bebé, que «lo sabe» por instinto, que se realiza plenamente en el cuidado de sus hijos, que no duda, que no se arrepiente y que, si siente algo distinto, lo oculta porque «algo debe de estar mal en ella». La maternidad real, en cambio, es un territorio de contradicciones legítimas: se puede amar profundamente a un hijo y, al mismo tiempo, echar de menos la vida anterior, sentirse agotada, cuestionar la decisión de ser madre o necesitar un espacio propio sin culpa.

La psiquiatra perinatal Ibone Olza advierte que «la idealización de la maternidad no protege a las madres: las aísla. Cuando solo está permitido sentir alegría, la tristeza, la rabia o la ambivalencia se convierten en vergüenza». Rosa Jové, en La crianza feliz, añade que «una sociedad que idealiza a las madres pero no las apoya está creando el caldo de cultivo perfecto para la depresión posparto».

Lo que dice la idealización Lo que dice la evidencia
«El instinto maternal lo guía todo» El instinto materno no es automático; se construye con el contacto, la práctica y el apoyo
«Debes disfrutar cada momento» Es imposible disfrutar de la privación crónica de sueño, el aislamiento o el dolor físico
«Una buena madre lo da todo sin quejarse» El sacrificio sin límites conduce al agotamiento y al resentimiento
«Si no sientes amor instantáneo, algo va mal» El vínculo puede tardar días, semanas o meses en consolidarse
«Las madres felices son las que lo hacen solas» La maternidad en soledad es una anomalía histórica, no un ideal

¿De dónde viene la idealización de la maternidad?

La idealización de la maternidad tiene raíces históricas profundas, pero su forma actual es relativamente reciente. En las sociedades preindustriales, la crianza era comunitaria: las madres criaban rodeadas de otras mujeres, con apoyo práctico y emocional constante. La idea de la «madre a solas con el bebé, en casa, feliz» es un producto de la revolución industrial y la separación entre espacio público (masculino) y espacio privado (femenino).

En el siglo XX, la psicología conductista añadió otra capa: la «madre suficientemente buena» de Winnicott se distorsionó hasta convertirse en la «madre perfecta», y cualquier dificultad se interpretaba como un defecto personal, no como un fallo del sistema de apoyo.

Hoy, las redes sociales amplifican esta distorsión. Instagram presenta una maternidad filtrada, luminosa, con bebés que siempre sonríen y madres que siempre irradian plenitud. Lo que no se muestra: el llanto a las cuatro de la madrugada, la mastitis, la discusión de pareja, la soledad del lunes por la mañana sin nadie con quien hablar.

¿Qué es la ambivalencia materna y por qué es tabú?

La ambivalencia materna es la coexistencia de sentimientos contradictorios hacia la maternidad y hacia el hijo: amor y agotamiento, ternura y enfado, gratitud y pérdida, deseo de estar con el bebé y deseo de estar sola. No es un trastorno: es la experiencia normal de un cambio identitario radical.

Ibone Olza nombra esta ambivalencia sin tapujos: «Se puede querer al bebé con toda el alma y desear, a las tres de la madrugada, no haber sido madre. Las dos cosas son verdad y las dos cosas son legítimas. Lo que enferma no es sentirlo, sino no poder decirlo».

El tabú de la ambivalencia tiene consecuencias graves:

  • Las madres que sienten algo distinto a plenitud se callan por miedo al juicio.
  • El silencio se convierte en aislamiento.
  • El aislamiento alimenta la ansiedad y la depresión.
  • La culpa por «no sentir lo que debería» se suma al agotamiento.

¿Por qué duele la brecha entre lo esperado y lo vivido?

La brecha entre la maternidad esperada y la vivida duele porque no hay un espacio cultural seguro para procesarla. Las madres reciben mensajes contradictorios:

  • «Disfruta, que pasan muy rápido» (mientras no duermes más de dos horas seguidas).
  • «Pide ayuda» (pero si la pides, es que no puedes sola).
  • «Sé tú misma» (pero no te enfades, no llores, no te quejes).
  • «El vínculo es lo primero» (pero vuelve a trabajar a las 16 semanas).

Carlos González, en Bésame mucho, recuerda que «la maternidad no es un examen. No hay que sacar un 10. Basta con estar ahí, querer y hacer lo que se pueda con lo que se tiene».

¿Cómo afectan las redes sociales a la autoestima materna?

Varios estudios recientes (Coyne et al., 2017; Padoa et al., 2021) han documentado la relación entre el uso de redes sociales y la insatisfacción materna:

  • Las madres que más tiempo pasan en Instagram reportan niveles más altos de comparación social negativa.
  • La exposición a contenido de «crianza perfecta» aumenta la percepción de incompetencia.
  • Los foros y grupos de crianza pueden ser espacios de apoyo o de juicio despiadado, dependiendo de la cultura del grupo.

La solución no es necesariamente dejar las redes, sino consumirlas con conciencia: seguir cuentas que muestren maternidad real, diversa y sin filtro; dejar de seguir lo que te haga sentir mal; recordar que lo que ves es una selección editada de la realidad de otra persona.

¿Cómo reconciliarse con la maternidad que te ha tocado vivir?

No hay recetas mágicas, pero hay caminos:

  • Nombrar lo que sientes sin etiquetarlo como bueno o malo. «Hoy estoy agotada y necesito estar sola» no te convierte en mala madre.
  • Buscar tribu: otras madres que entienden porque viven lo mismo. Los grupos de crianza, las asociaciones de lactancia y las redes de apoyo maternal son espacios de sanación.
  • Soltar la culpa perfecta: no existe la madre perfecta, y perseguir ese ideal es garantía de sufrimiento.
  • Pedir ayuda profesional si la brecha entre lo esperado y lo vivido genera sufrimiento persistente. Un psicólogo perinatal puede acompañarte.
  • Revisar tus expectativas: ¿son tuyas o de tu entorno? ¿De Instagram o de tu realidad? Distinguir entre expectativas propias y ajenas es un acto de libertad.

¿Cómo impacta la idealización en la pareja?

La idealización de la maternidad también afecta a la pareja:

  • Si ella siente que «debería ser feliz» y no lo es, puede cerrarse emocionalmente por vergüenza.
  • Si la pareja asume que «ella sabe por instinto», puede desentenderse de los cuidados creyendo que no le necesita.
  • Si ambos comparan su experiencia con la de otras familias (reales o digitales), la insatisfacción se multiplica.

En Brillemos.org creemos que hablar de la brecha entre lo esperado y lo vivido es el primer paso para cerrarla. Nuestra IA mediadora ayuda a las parejas a expresar lo que sienten sin miedo al juicio, a renegociar roles y a construir su propia definición de «familia que funciona».

Preguntas frecuentes

¿Sentir arrepentimiento maternal es normal? El arrepentimiento maternal —la sensación de que, si pudieras volver atrás, no elegirías ser madre— existe y está documentado. La socióloga israelí Orna Donath lo investigó en profundidad. Sentirlo no te convierte en mala persona; es una experiencia humana que merece ser escuchada sin juicio.

¿La maternidad idealizada afecta también a los padres? Sí, aunque de forma diferente. Los padres enfrentan la idealización del «padre moderno» que debe ser proveedor, presente, emocionalmente disponible y cómplice, todo a la vez. La presión existe, aunque sea menos visible.

¿Puedo ser buena madre y no disfrutar de la etapa de bebé? Absolutamente. No todas las etapas de la maternidad gustan por igual. Hay madres que disfrutan más de la infancia tardía o la adolescencia que de la etapa de recién nacido, y eso es completamente válido.

¿Las madres de generaciones anteriores también sentían esta brecha? Probablemente sí, pero con menor conciencia y con menos espacio para expresarlo. La generación actual tiene más información y más herramientas de autoconocimiento, lo que es una ventaja, pero también puede intensificar la autoexigencia.

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