El sentido que sostiene · Cap 3 / 25

La diferencia entre placer y sentido

El placer da, el sentido sostiene.

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10 minutos · meditación contemplativa · Busca un sitio tranquilo, si puedes

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Hola otra vez. Hoy vamos a separar dos cosas que se confunden mucho. Y que confundirlas cuesta caro. Cuesta años, a veces. Antes de entrar, deja que el cuerpo se asiente. Apoya la espalda. Suelta las manos. Que descansen donde quieran. Si te apetece, cierra los ojos. Toma aire por la nariz, sin prisa. Suéltalo por la boca, despacio. Otra vez. Y otra más. Que no haya nada que resolver en estos minutos. Solo escuchar. Aquí. Quiero hablar hoy de la diferencia entre placer y sentido. Parecen primas. Parecen hermanas. Pero son cosas muy distintas. Y al confundirlas se construyen vidas enteras que, vistas desde fuera, parecen llenas. Y vistas desde dentro, no se sostienen. El placer es agradable. No tiene nada de malo. Una buena comida, una buena conversación, un beso, una siesta. Eso es placer. Y la vida sin placer sería seca. Pero el placer tiene una característica. Llena un rato. Y después se va. Por eso pide repetición. Por eso siempre quiere más. El placer no acumula. Cada vez hay que volver a buscarlo. Por eso hay vidas enteras dedicadas a perseguirlo, sin descanso. Porque la primera vez fue intensa. Y entonces se cree que repetir traerá la misma intensidad. Pero el placer se gasta. Cada repetición pide más para llegar a lo mismo. Y así se entra en una rueda que no para. El sentido es otra cosa. El sentido no llena. Sostiene. No es el agua que apaga la sed un rato. Es el agua que mantiene la vida entera. Una vida llena de placer puede no tener sentido. Y una con sentido puede tener pocos placeres y estar plena. Esto, dicho así, parece sencillo. Pero cambia la mirada sobre todo lo que haces. Porque la mayoría de las decisiones se toman desde el placer. ¿Qué me apetece ahora? ¿Qué me da gusto? ¿Qué me da chispa? Y muy pocas se toman desde el sentido. ¿Qué me sostiene? ¿Qué me ordena? ¿Qué le da forma a mi vida cuando lo difícil aparece? Hay una prueba que distingue bien las dos cosas. El placer huye del dolor. Siempre. El sentido es capaz de incorporarlo. Una persona que cuida a alguien enfermo durante años, no lo hace por placer. Hay momentos durísimos. Hay agotamiento. Pero hay sentido. Y eso la sostiene. Una persona que escribe, que crea, que enseña, que cría hijos. No siempre disfruta. A veces sufre. Pero hay algo dentro que sigue diciendo: esto importa. Eso es sentido. Y no se compra. Y no se busca en una pantalla. Lo confundimos por una razón muy concreta. Porque el placer se nota enseguida. Es rápido. Y el sentido se nota despacio. A veces solo se ve al mirar atrás. Una vida con mucho sentido puede tener días grises, semanas grises. Pero al final de los años, hay una sensación honda de haber estado vivo. Una vida sin sentido, llena de placeres, puede sentirse divertida en el momento. Y, al final de los años, dejar una sensación rara. De no haber estado del todo. De haber pasado por encima. Hay otra diferencia que conviene nombrar. El placer se vive en soledad, aunque haya gente delante. Es algo que te pasa a ti. El sentido casi siempre incluye al otro. Algo o alguien al que sirves, al que cuidas, al que dejas algo. Por eso el sentido conecta. Y el placer, paradójicamente, aísla un poco. Aunque sea agradable. No se trata de elegir entre uno y otro. El placer también forma parte de una vida buena. Pero el placer sin sentido cansa. El sentido sin placer puede ser árido, pero no se vacía. Y cuando los dos se acompañan, eso es lo más cerca que se está de una vida plena. Te propongo una práctica diminuta. Piensa en algo que hayas hecho recientemente solo por placer. Y piensa en algo que hayas hecho por sentido, aunque costara. No para juzgar nada. Solo para empezar a distinguir los dos sabores. Cuando los conoces, ya no los confundes. Si hoy te llevas solo una idea, que sea esta. El placer da. El sentido sostiene. Una vida buena necesita un poco del primero. Pero no se construye sin el segundo. Gracias por estar aquí.

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  1. 01

    La pregunta que casi no nos hacemos

    ¿Para qué? La pregunta que se evita.

  2. 02

    Cuando todo se cumple y aun así falta algo

    El vacío del éxito sin sentido.